La escisión, la integración.

Sé que todos hemos pasado por esto.

Uno siente que está dividido, que es dos personas distintas. Un lado pide algo, el otro lo niega. Un corazón suplica, las manos lo ignoran. Un hemisferio cerebral corre con ímpetu hacia su meta, el otro sabotea arrojando piedras en el camino.

Es una situación humana, querer algo y tenerle miedo, llorar por algo y disfrutarlo al mismo tiempo.

Tarde o temprano, el alma grita por orden, por simplicidad, por unificación; y uno, luego de la batalla interna, vuelve a su estado natural: ser quien uno es y punto.

Hoy me encontré con este video que metaforiza hermosamente esta locura humana de ser y no ser.

Amigos, disfruten a Jerome Murat



P.D: Esa música celestial del principio del performance es una versión de “El Oboe de Gabriel”. La escribió Ennio Morricone para la película “La Misión”)

Al pan pan y al vino vino

Para Rey en su cumpleaños

Yo llamo a las cosas por su nombre. Al amor lo llamo amor y no uso eufemismos. Aunque, de vez en cuando, el amor se me revela como miel
fresca que besa a las crepes humeantes, como un soufflé que de tanto amar se esponja y coquetea.

Yo llamo a todas las cosas por su nombre. Pero a veces cuando te digo que te quiero, mi boca se transforma en un manantial de almíbar de azahar, otras veces en cristales de manzana y otras en pedacitos de melcocha de la infancia.

A mi me gusta llamar a cada cosa por su nombre, pero también me encanta bailar sobre las palabras que digo. Me gusta decir las palabras lentamente para que se vayan convirtiendo en seda que te abraza y te cobija, que te cubre y te protege.

Yo suelo darle a cada cosa su nombre, pero también sé que un pan es mucho más que una masa levada y horneada, sé que es el alimento de nuestro día a día; así como sé que tú eres el alimento de mis días, el perfume de mi alma.

ME GUSTAN LOS ESTUDIANTES


La pérdida


El primer indicio de mi vocación gastronómica lo recibí en Mérida… En el año 1993.

Asistía a los talleres de textiles de la U.L.A en las mañanas. Aprendía los secretos de las tramas y urdimbres, teñía lanas y me decía a mí misma que, luego de tantos años de torpeza manual, al fin había conseguido darle un uso artístico a mis dedos.

Un día, al regresar del taller, encendí el televisor y vi a un cocinero, con claro acento vasco, cocinar mientras comentaba lo bello que era el mar que estaba tras de si. Fue un embrujo instantáneo, lo amé de inmediato. Me apresuraba a terminar mi trabajo en el taller para irme veloz a mi casa y anotar las recetas que este encanto de hombre, Karlos Arguiñano, regalaba por televisión.

Luego de varios años, decidí dedicarme a la cocina profesionalmente.

Luego de más años aún me enteré por una fuente directa, de que Arguiñano colabora de manera entusiasta y permanente con iniciativas sociales en Petare y forma a muchachos venezolanos con vocación culinaria en su restaurant escuela.

A veces pienso que, de no haber sido por esos mediodías merideños en los cuales miraba embelezada a Arguiñano cocinando a orillas del Mar Cantábrico y decorando todos sus platos con perejil, yo no hubiera sido cocinera.

Y en ese entonces… Vi a Arguiñano por Radio Caracas Televisión.
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El libro que siempre quise escribir

Héctor Abad Faciolince es el autor del libro que siempre quise escribir: "Tratado de Culinaria para Mujeres Tristes". Una joya que guardo como mi libro de cabecera.

Hoy recibo de mi amiga Raiza Andrade esta delicia que escribe Abad Faciolince, una mirada masculina sobre la mujer que respira en estos tiempos. Disfruten:


Elogio de la mujer brava


Por: Héctor Abad


Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bolas, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana.

Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

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¿Cómo les haré llegar mi resumen curricular?


Nuestra propia versión

Acabo de leer una nota impresionante en el bello y nutrido blog de Oriol Serra Nadal. En Portugal fabrican una cosa que llaman "Licor de Merda" y creo que no se trata de un eufemismo.

Yo le dejé un post a Oriol que reproduzco aquí:

Una vez, aturdidos por el calor y la caminata, mi esposo y yo nos sentamos en un equívoco café que funcionaba en La Previsora. Tardamos un buen rato en darnos cuenta de que era un lugar "de ambiente".

Como estaba verdaderamente agotada y hambrienta y como parecía un lugar interesante, le dije a mi esposo que pidiéramos la carta y viviéramos esa aventura del heterosexual nadando en aguas ambiguas.

Me sorprendió mucho, tanto el chico delgado y pispireto con piercings en cualquier lugar del cuerpo y peinado-retro-ochentoso-color-rubio-cenizo-número-61, como la carta.

Entre otras finuras nos sugerían probar una bebida llamada "Guaire".
Yo, que soy gobernada por mi nariz, hice un ademán de asco. Mi esposo, envalentonado por la aventura, pidió el susodicho brebaje.

Una sosa mezcla de cítricos y papelón que
asemejaba el color de nuestro pobre río caraqueño nos fué traída con entusiasmo. El chico dijo con su voz de tenorino "usted es valiente, señor... casi nadie pide el Guaire" .

El lugar cerró; quien sabe si por la delincuencia que azota desde hace tanto a nuestra arteria aorta-boulevard de Sabana Grande, quien sabe si porque la propuesta era demasiado atrevida. El caso es que creo que en algún momento de finales de la década de los 90, un grupo de chicos, reivindicando su condición sexual y dándole alas a su creatividad, crearon nuestra propia versión del "Licor de Merda"
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Salpimentar

Adobar algo con sal y pimienta, para que se conserve y tenga mejor sabor. Amenizar, sazonar, hacer sabroso algo con palabras o hechos. Diccionario Real Academia Española

Sal: Te vas...
Cruza la puerta...
Me haces falta...
Adiós .

Pi: Número mágico, irracional, apasionado, aproximado y curvilíneo.
Al cuadrado: ganas irreprimibles.
Pi - enso en ti.

Men: Hombres… Todos son iguales.

Tar: Tarde, tarde, tarde… Siempre llego tarde a todo.

Adriá actor de doblaje

Hace algunos años hice un curso de doblaje en español en Hispanodoblajes. Me encantó la experiencia porque para mi la voz es una especie de fetiche.

Hoy leo sorprendida que Ferrán Adriá hará el doblaje de un personaje en la película Ratatouille. Me parece encantador que Adriá, cuya dicción no es precisamente perfecta, se aventure a prestarle su voz a un personaje animado, y lo hará en español y en catalán. Doblar dibujos animados es una de las cosas más divertidas de hacer, es jugar con la voz, pero no hay que engañarse, también es un arte delicado y muy difícil.

Nos daremos un gustazo con Ratatouille y la voz de Adriá en la sala oscura.

Orfebrería Gastronómica

Mi amiga Isabella Rey me derritió con su regalo de cumpleaños: joyas (una espumadera y un batidor) fruto de su talento, inspiración y enamoramiento de la gastronomía. Isa hace bellezas insólitas: sartenes, ollitas, cucharones, trinches y hasta woks, para adornar orejas, cuellos y deditos coquetos. Este es su Blog y esta es la foto de mi regalo cumpleañeril: