“Al despertar en su primera mañana de viuda, se había dado vueltas en la cama, todavía sin abrir los ojos, en busca de una posición más cómoda para seguir durmiendo, y fue en ese momento cuando él murió para ella. Pues sólo entonces tomó conciencia de que él había pasado la noche por primera vez fuera de casa. La otra impresión fue en la mesa, no porque se sintiera sola, como en efecto lo estaba, sino por la certidumbre rara de estar comiendo con alguien que ya no existía. Esperó a que su hija Ofelia viniera de Nueva Orleáns, con el esposo y las tres niñas, para sentarse otra vez a comer en la mesa, pero no en la de siempre, sino en una mesa improvisada, más pequeña, que hizo poner en el corredor. Hasta entonces no había hecho ninguna comida regular. Pasaba por la cocina a cualquier hora, cuando tenía hambre, y metía el tenedor en las ollas y comía un poco de todo sin ponerlo en un plato, de pie frente a la hornilla, hablando con las mujeres del servicio que eran las únicas con las que se sentía bien, y con las que mejor se entendía.”
Joan Marí Arzak, en una deliciosa entrevista que le concedió hoy a César Miguel

Rondón en su programa matutino, contó que mañana en Madrid Fusión hablará de cómo cocinar con tierra. Arzak toma tierra “ecológica”, pura, sin contaminación, donde por ejemplo, haya crecido un cerezo, y hace con ella una infusión que utiliza como ingrediente de una salsa. También habló de cómo usar arcillas y de que esos gustos terrestres deberían estar presentes en la alta gastronomía.
La ingesta de arcilla no es nueva. Es un recurso terapéutico utilizado desde la antigüedad como bálsamo para sistemas digestivos candentes. Yo he tomado arcilla y la sensación de frescura es inigualable. Llevar este conocimiento ancestral a las mesas de la vanguardia me parece, no sólo justo, sino estimulante de los desprejuicios. ¿A qué sabrá una salsa hecha con tierra de las montañas del Tibet? ¿O de los desiertos de Australia?
Lo cierto es que hasta tierra van a degustar los afortunados que asistan a Madrid Fusión 2008. Rebeca Buendía se daría un lujo con Arzak.
-Presta atención a tus sueños, ahí hay claves-
-Si, Mirem, lo haré-
- Muy bien, nos vemos la próxima semana-
Se sentía a salvo desde que empezó su proceso terapéutico con Mirem, quien tenía oídos agudos y desprejuiciados. Su migraña constante, sus cambios bruscos de humor, su llanto fácil y un vacío existencial que cada vez se le hacía más oscuro, fueron las razones por la cual empezó a asistir semanalmente a terapia. Tenía como objetivo primordial darle un sentido a su carrera que estaba estancada y aburrida desde hacía mucho tiempo.
Esa noche soñó con un tren lento y de madera que recorría Catalunya y que la dejaba a orillas de un pozo. Un hombre sacaba la mano del agua y le daba un helado de pistacho.
La noche siguiente soñó que su amiga estaba embarazada y su vientre era azul y translúcido, el bebé se movía y ella podía verlo. Su amiga comía un enorme trozo de strudel de manzana.
Al otro día soñó con su papá, un goloso empedernido, quien metía los dedos en un frasco de miel y con ella escribía sobre un papel. Al día siguiente amaneció con la boca hecha agua porque se veía a sí misma batiendo una pasta acaramelada de nueces, almendras, avellanas y cáscaras de naranja. Pasó dos días sin recordar sus sueños hasta que, la noche previa a su visita semanal a su terapeuta, soñó que entre ella y su hermano se comían la casa de la bruja de Hansel y Gretel mientras oían Llorarás y una flor de alcachofa nacía de su pecho.
Al llegar a la consulta, se sentó con una expresión triunfante y dijo:
- Ya sé de que se trata, descubrí lo que mis sueños me están diciendo: Debo tomar ese curso de pastelería al que le tengo tantas ganas, o me arrepentiré con lágrimas amargas…-
-Si suenan tan bellos en una canción, deben saber divino en una pierna de cordero- Pensó.
“Parsley, sage, rosmary and thyme …”
Cantaba en su precario inglés mientras pensaba en su hijo en Gales, con la nariz helada y su violín bajo el brazo, caminando esperanzado a presentar las pruebas en la Orquesta Real.
“Parsley, sage, rosmary and thyme…”

Pensaba en su hija, doctorándose en Niza, dando clases de español y de salsa a los helados franceses, pescando hojas de plátano en los mercados africanos en Diciembre para hacerse sus hallacas.
“Parsley, sage, rosmary and thyme …”
Adobaba el cordero mientras pensaba en su hermana, viviendo su vida de inmigrante legal en Estados Unidos, más sola que la una, comiendo bagels y llorando de nostalgia cada vez que hacía un caldo de gallina sin ají dulce.
“Parsley, sage, rosmary and thyme…”
Cantaba casi con un hilo de voz, mientras horneaba su pierna de cordero y pensaba que, sola, sin su familia, vivía por primera vez la extraña sensación de cocinarse solo a ella y a nadie más.
“Parsley, sage, rosmary and thyme …”
Comía bendiciendo a sus afectos mientras ella, a solas con unas tajadas de perfumado cordero, se encontraba a sí misma y a su apetito perdido por haber siempre complacido las apetencias ajenas y nunca las propias.
“Parsley, sage, rosmary and thyme …”
Comía feliz su cordero con perejil, salvia, romero y tomillo.
No me alegró en absoluto que Clara y Consuelo fueran "liberadas", al contrario, me indignó que para ejercer el legítimo derecho de abrazar a sus hijos, tuvieran que pasar años en manos de unos enfermos. Me indignó, terriblemente, la historia trágica del bebé que nació en la selva, y que por no tener atención médica mínima, sufrió una fractura en su bracito al nacer. Me indignó hasta lo indecible que lo separaran de su madre durante años, luego de sufrir maltratos, hambre y enfermedades. Que creciera lejos de ella, que en los años claves del desarrollo de la personalidad, de la identidad, estuviera sumergido en la ambiguedad, en las verdades a medias, en la ignorancia. Me indignó que la misión de "rescate" adoptara el nombre del niño que ya no estaba allí. Me indignó que su adolorida madre tuviera que viajar a Caracas a dar declaraciones cuando lo que seguramente quería, era volar de inmediato a abrazar a su hijo.
Zapatos rojos
zandalias altas
Champiñones poco cocidos con mantequilla y ajo
Jugo y merengón de níspero
Majarete y jalea de mango de Choroní
La increible y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada y todo García Márquez
Picante de leche, picante en vinagre, picante en polvo, picante en hojuelas, picante en gelatina, picante en espuma, picante...
Sopa Pho
Linguini con camarones, espinacas y crema de leche
Hacer pasta
Los besos que me hacen temblar
Eternity, Gaultier, Burberry
Quesos guayamano, provoleta y brie
Mecano
Mango de bocado de Maracay
Pato con tallarines al estilo asiático de Tomás
Mi panna cotta con almibar de lavanda
Darles besitos a mis primitos
Tequeños de yuca con melao de aji dulce y papelón
Blue jeans strechs
Mi gato durmiendo acurrucado conmigo
Cazuela de berenjenas y camarones de la Nueva Casa de los Chinos en la avenida Baralt
Agua helada
Abanicos
Oir tocando el cuatro a mi hijo putativo Reinaldo José
Cordero con especias
Risotto de calabacín
Ensalada de supremas de naranja, cebolla morada y cilantro en flor
El Paciente Inglés, El Último Emperador, Forrest Gump, Entrevista con el Vampiro, Jesucristo Súper Estrella, El Color Púrpura, Matrix, Amelie
Las tortas rellenas de crema
Los ojos verdes
Empanada argentina de humita
Cebiche de conchas negras
Cantar a solas y a todo gañote
Pan sueco
Anillos grandes
Vodka con jugo de parchita
Orsai, el blog de Hernán Casciari
Pan recién horneado con mantequilla
Foie Gras
Maquillarme
Perfumarme
Dormir hasta tarde
Escribir en mi blog
¿Cuáles son las tuyas?
Empiezo el año sumergida en la lectura de dos libros excepcionales: “Ama y no sufras” y “Deshojando Margaritas: acerca del amor convencional y otras malas costumbres”; ambos del psicólogo (y cocinero!) Italiano-Argentino Walter Riso.

Una de las joyas de conocimiento que Riso regala en su libro “Ama y no sufras” es su clasificación del amor:
Eros: el amor pasional regido por las hormonas. Intenso, desenfrenado y, justamente por eso, fugaz. Esa sensación agobiante de querer cortar en pedacitos al objeto de nuestro amor, ponerle salsa de soya, jengibre, cebollín y comérnoslo con las manos. Es un amor egoísta, pide ser saciado, pero nunca se sacia. Haremos bien si no tomamos decisiones trascendentales cuando somos presas de este amor. Haremos bien si lo disfrutamos a sabiendas de que pasará.
Phillia: El amor de la convivencia, sostenido por la afinidad, por el compañerismo, por la complicidad. Nos gustan los mismos libros, no necesitamos discutir qué película veremos porque sabemos que nos gustan las mismas, estamos de acuerdo en las cosas fundamentales de la vida como la pena de muerte, la identificación ideológica o si comer mantequilla o margarina. Es equitativo, es justo; se alimenta de reforzadores positivos en ambas direcciones “tú me das y yo te doy”. Es el amor perfecto para tomar decisiones a largo plazo.
Ágape: es el amor desinteresado. Y he aquí la razón de que escriba sobre este tema en mi blog gastronómico. Riso habla de ágape como el amor universal, el amor absoluto, que se expresa en la pareja en forma de ternura y disposición a renunciar voluntariamente a ciertos privilegios si con eso se consigue felicidad para el otro. No es sacrificio, doloroso y resentido. Es el bienestar que se obtiene al darle felicidad al otro, aunque esto implique renuncia.
Pero ágape también es sinónimo de banquete, de celebración gastronómica; veamos lo que dicen diferentes fuentes:
"(Del lat. agăpe, y este del gr. afecto, amor).
1. m. Comida fraternal de carácter religioso entre los primeros cristianos, destinada a estrechar los lazos que los unían.
2. m.
banquete (‖ comida para celebrar algún acontecimiento)".Diccionario de la Real Academia Española
"Comida de confraternización que los primeros cristianos celebraban durante sus asambleas para profundizar sus lazos de concordia:el ágape se celebraba al final del oficio divino. Banquete".
Word Reference
"Dentro de la masonería es la denominación del banquete que se celebra tras una tenida, asamblea de la logia, sin ritual alguno.
Esta palabra griega, cuyo significado es "amor", fue empleada por los primeros cristianos como referencia del banquete de celebración de la eucaristía".
Diccionario Ecovisiones
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