Hoy, Atahualpa Yupanqui, a cien años de su nacimiento




El amor en los tiempos del cólera



“Al despertar en su primera mañana de viuda, se había dado vueltas en la cama, todavía sin abrir los ojos, en busca de una posición más cómoda para seguir durmiendo, y fue en ese momento cuando él murió para ella. Pues sólo entonces tomó conciencia de que él había pasado la noche por primera vez fuera de casa. La otra impresión fue en la mesa, no porque se sintiera sola, como en efecto lo estaba, sino por la certidumbre rara de estar comiendo con alguien que ya no existía. Esperó a que su hija Ofelia viniera de Nueva Orleáns, con el esposo y las tres niñas, para sentarse otra vez a comer en la mesa, pero no en la de siempre, sino en una mesa improvisada, más pequeña, que hizo poner en el corredor. Hasta entonces no había hecho ninguna comida regular. Pasaba por la cocina a cualquier hora, cuando tenía hambre, y metía el tenedor en las ollas y comía un poco de todo sin ponerlo en un plato, de pie frente a la hornilla, hablando con las mujeres del servicio que eran las únicas con las que se sentía bien, y con las que mejor se entendía.”
Extracto de El amor en los tiempos del cólera.
Gabriel García Márquez



Juan Mari Arzak y Rebeca Buendía


Rebeca llegó a la casa siendo una niña flaca y de ojos saltones, con los huesos de sus padres en un talego. Tenía una predilección gastronómica excéntrica: comía tierra. Cuando encontró la paz en casa de sus padres adoptivos, abandonó el hábito, pero cuando el fuego del amor consumió por primera vez su alma, lo retomó y, cada vez que una crisis emocional la descalabraba, volvía al patio de su casa a buscar entre las matas el consuelo de los sabores minerales de la tierra de Macondo.

Joan Marí Arzak, en una deliciosa entrevista que le concedió hoy a César Miguel
Rondón en su programa matutino, contó que mañana en Madrid Fusión hablará de cómo cocinar con tierra. Arzak toma tierra “ecológica”, pura, sin contaminación, donde por ejemplo, haya crecido un cerezo, y hace con ella una infusión que utiliza como ingrediente de una salsa. También habló de cómo usar arcillas y de que esos gustos terrestres deberían estar presentes en la alta gastronomía.

La ingesta de arcilla no es nueva. Es un recurso terapéutico utilizado desde la antigüedad como bálsamo para sistemas digestivos candentes. Yo he tomado arcilla y la sensación de frescura es inigualable. Llevar este conocimiento ancestral a las mesas de la vanguardia me parece, no sólo justo, sino estimulante de los desprejuicios. ¿A qué sabrá una salsa hecha con tierra de las montañas del Tibet? ¿O de los desiertos de Australia?

Lo cierto es que hasta tierra van a degustar los afortunados que asistan a Madrid Fusión 2008. Rebeca Buendía se daría un lujo con Arzak.


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Los sueños


-Presta atención a tus sueños, ahí hay claves-

-Si, Mirem, lo haré-

- Muy bien, nos vemos la próxima semana-

Se sentía a salvo desde que empezó su proceso terapéutico con Mirem, quien tenía oídos agudos y desprejuiciados. Su migraña constante, sus cambios bruscos de humor, su llanto fácil y un vacío existencial que cada vez se le hacía más oscuro, fueron las razones por la cual empezó a asistir semanalmente a terapia. Tenía como objetivo primordial darle un sentido a su carrera que estaba estancada y aburrida desde hacía mucho tiempo.

Esa noche soñó con un tren lento y de madera que recorría Catalunya y que la dejaba a orillas de un pozo. Un hombre sacaba la mano del agua y le daba un helado de pistacho.
La noche siguiente soñó que su amiga estaba embarazada y su vientre era azul y translúcido, el bebé se movía y ella podía verlo. Su amiga comía un enorme trozo de strudel de manzana.

Al otro día soñó con su papá, un goloso empedernido, quien metía los dedos en un frasco de miel y con ella escribía sobre un papel. Al día siguiente amaneció con la boca hecha agua porque se veía a sí misma batiendo una pasta acaramelada de nueces, almendras, avellanas y cáscaras de naranja. Pasó dos días sin recordar sus sueños hasta que, la noche previa a su visita semanal a su terapeuta, soñó que entre ella y su hermano se comían la casa de la bruja de Hansel y Gretel mientras oían Llorarás y una flor de alcachofa nacía de su pecho.

Al llegar a la consulta, se sentó con una expresión triunfante y dijo:

- Ya sé de que se trata, descubrí lo que mis sueños me están diciendo: Debo tomar ese curso de pastelería al que le tengo tantas ganas, o me arrepentiré con lágrimas amargas…-






Los cien años de un morenazo




A sus cien años sigue siento tan apetecible como en su juventud. El Toblerone es un morenazo que nos ha arrancado suspiros a varias generaciones de fans.


Yo confiezo que el chocolate no es mi golosina favorita, incluso, en algunos formatos (galletas, torta, helado, bitter) me parece medio maluco. Pero en bombones o en deliciosos triangulitos rellenos de turrón, me encanta.


El señor Jean Tobler hizo una mezcla entre su apellido y la palabra "torrone" que significa turrón en italiano (para que vean que no es sólo aquí donde se mezclan los nombres de tíos, primos, cuñados y personajes de novela para bautizar a los carricitos) y creó para nuestra delicia su mítico chocolate.


Si mantenerse en el tiempo con calidad es una hazaña, celebrar los cien años ofreciendo semejante bocado es toda una proeza. Somos afortunados de vivir en estos tiempos.

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Scarborough fair

“Parsley, sage, rosmary and thyme…”
-Si suenan tan bellos en una canción, deben saber divino en una pierna de cordero- Pensó.

“Parsley, sage, rosmary and thyme …”
Cantaba en su precario inglés mientras pensaba en su hijo en Gales, con la nariz helada y su violín bajo el brazo, caminando esperanzado a presentar las pruebas en la Orquesta Real.

“Parsley, sage, rosmary and thyme…”

Pensaba en su hija, doctorándose en Niza, dando clases de español y de salsa a los helados franceses, pescando hojas de plátano en los mercados africanos en Diciembre para hacerse sus hallacas.

“Parsley, sage, rosmary and thyme …”
Adobaba el cordero mientras pensaba en su hermana, viviendo su vida de inmigrante legal en Estados Unidos, más sola que la una, comiendo bagels y llorando de nostalgia cada vez que hacía un caldo de gallina sin ají dulce.

“Parsley, sage, rosmary and thyme…”
Cantaba casi con un hilo de voz, mientras horneaba su pierna de cordero y pensaba que, sola, sin su familia, vivía por primera vez la extraña sensación de cocinarse solo a ella y a nadie más.

“Parsley, sage, rosmary and thyme …”
Comía bendiciendo a sus afectos mientras ella, a solas con unas tajadas de perfumado cordero, se encontraba a sí misma y a su apetito perdido por haber siempre complacido las apetencias ajenas y nunca las propias.

“Parsley, sage, rosmary and thyme …”
Comía feliz su cordero con perejil, salvia, romero y tomillo.

La traviata pastelera


Clara y Consuelo
Llevo una semana pensando en el asunto. Cómo hablar de este tema que me resulta tan doloroso, que me genera tanto estupor, indignación y arrechera.

No me alegró en absoluto que Clara y Consuelo fueran "liberadas", al contrario, me indignó que para ejercer el legítimo derecho de abrazar a sus hijos, tuvieran que pasar años en manos de unos enfermos. Me indignó, terriblemente, la historia trágica del bebé que nació en la selva, y que por no tener atención médica mínima, sufrió una fractura en su bracito al nacer. Me indignó hasta lo indecible que lo separaran de su madre durante años, luego de sufrir maltratos, hambre y enfermedades. Que creciera lejos de ella, que en los años claves del desarrollo de la personalidad, de la identidad, estuviera sumergido en la ambiguedad, en las verdades a medias, en la ignorancia. Me indignó que la misión de "rescate" adoptara el nombre del niño que ya no estaba allí. Me indignó que su adolorida madre tuviera que viajar a Caracas a dar declaraciones cuando lo que seguramente quería, era volar de inmediato a abrazar a su hijo.
"Liberarlas" puso en evidencia que las tenían secuestradas. "Liberarlas" evidencia que hay otros que no corrieron con la ¿suerte? que tuvieron estas damas. "Liberarlas" no refleja ninguna buena voluntad. A mi ésto no me parece un gesto humanitario, al contrario, lo que veo es un halo de cinismo, demostración de poder y sadismo de parte de los secuestradores.
Menos me gustó el show, helicóptero-uniformitorojodetodoelmundo-alfombra-roja-himno-nacional-abrazosyamapuches-apretonesdemanosconlossecuestradores- que protagonizaron los "encargados" de "rescatarlas". Y, la sugerencia que escuché por ahí de dejar de catalogar a estos hampones como "terroristas" lo que me produce es alarma, sorpresa. No puedo creer que, aún hoy, exista gente que no sepa distinguir a un terrorista de un idealista.
Pasé una semana tratando de darle una forma coherente a mi indignación, a mi tristeza, al miedo, hasta que hoy, leyendo a Claudio Nazoa, me dí cuenta de que él, mejor que nadie, expresó lo que yo siento.
Un paladar inteligente se nutre de las experiencias gastronómicas y las emotivas, de los libros y los placeres, de los amigos y de los extraños, de la vida. No es indiferente, por el contrario, para que un paladar sea inteligente, requiere de sensibilidad, empatía, criterio propio y respeto por esas cosas como la vida, la dignidad y la trascendencia.
Como mi mayor esfuerzo lo he puesto en aspirar a tener un paladar inteligente, como todo lo que cocino, lo que leo, lo que siento, lo que pienso y lo que soy va dirigido a lograr esta meta, por eso y sólo por eso, me permito publicar, en mi blog gastronómico, esta catarsis.
Lo único que puedo sacar en limpio de todo ésto, es la necesidad, la imperiosa necesidad, de redimirnos, todos.
Redemption Song
Bob Marley


My favorites things


Zapatos rojos
zandalias altas
Champiñones poco cocidos con mantequilla y ajo
Jugo y merengón de níspero
Majarete y jalea de mango de Choroní
La increible y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada y todo García Márquez
Picante de leche, picante en vinagre, picante en polvo, picante en hojuelas, picante en gelatina, picante en espuma, picante...
Sopa Pho
Linguini con camarones, espinacas y crema de leche
Hacer pasta

Los besos que me hacen temblar
Eternity, Gaultier, Burberry
Quesos guayamano, provoleta y brie
Mecano
Mango de bocado de Maracay
Pato con tallarines al estilo asiático de Tomás
Mi panna cotta con almibar de lavanda
Darles besitos a mis primitos
Tequeños de yuca con melao de aji dulce y papelón
Blue jeans strechs
Mi gato durmiendo acurrucado conmigo
Cazuela de berenjenas y camarones de la Nueva Casa de los Chinos en la avenida Baralt
Agua helada
Abanicos
Oir tocando el cuatro a mi hijo putativo Reinaldo José
Cordero con especias
Risotto de calabacín
Ensalada de supremas de naranja, cebolla morada y cilantro en flor
El Paciente Inglés, El Último Emperador, Forrest Gump, Entrevista con el Vampiro, Jesucristo Súper Estrella, El Color Púrpura, Matrix, Amelie

Las tortas rellenas de crema

Los ojos verdes
Empanada argentina de humita
Cebiche de conchas negras
Cantar a solas y a todo gañote
Pan sueco
Anillos grandes
Vodka con jugo de parchita
Orsai, el blog de Hernán Casciari
Pan recién horneado con mantequilla
Foie Gras
Maquillarme
Perfumarme
Dormir hasta tarde
Escribir en mi blog

¿Cuáles son las tuyas?

Ágape: Banquete amoroso

Empiezo el año sumergida en la lectura de dos libros excepcionales: “Ama y no sufras” y “Deshojando Margaritas: acerca del amor convencional y otras malas costumbres”; ambos del psicólogo (y cocinero!) Italiano-Argentino Walter Riso.

Una de las joyas de conocimiento que Riso regala en su libro “Ama y no sufras” es su clasificación del amor:

Eros: el amor pasional regido por las hormonas. Intenso, desenfrenado y, justamente por eso, fugaz. Esa sensación agobiante de querer cortar en pedacitos al objeto de nuestro amor, ponerle salsa de soya, jengibre, cebollín y comérnoslo con las manos. Es un amor egoísta, pide ser saciado, pero nunca se sacia. Haremos bien si no tomamos decisiones trascendentales cuando somos presas de este amor. Haremos bien si lo disfrutamos a sabiendas de que pasará.

Phillia: El amor de la convivencia, sostenido por la afinidad, por el compañerismo, por la complicidad. Nos gustan los mismos libros, no necesitamos discutir qué película veremos porque sabemos que nos gustan las mismas, estamos de acuerdo en las cosas fundamentales de la vida como la pena de muerte, la identificación ideológica o si comer mantequilla o margarina. Es equitativo, es justo; se alimenta de reforzadores positivos en ambas direcciones “tú me das y yo te doy”. Es el amor perfecto para tomar decisiones a largo plazo.

Ágape: es el amor desinteresado. Y he aquí la razón de que escriba sobre este tema en mi blog gastronómico. Riso habla de ágape como el amor universal, el amor absoluto, que se expresa en la pareja en forma de ternura y disposición a renunciar voluntariamente a ciertos privilegios si con eso se consigue felicidad para el otro. No es sacrificio, doloroso y resentido. Es el bienestar que se obtiene al darle felicidad al otro, aunque esto implique renuncia.

Pero ágape también es sinónimo de banquete, de celebración gastronómica; veamos lo que dicen diferentes fuentes:

"(Del lat. agăpe, y este del gr. afecto, amor).
1. m. Comida fraternal de carácter religioso entre los primeros cristianos, destinada a estrechar los lazos que los unían.
2. m. banquete (‖ comida para celebrar algún acontecimiento)".
Diccionario de la Real Academia Española

"Comida de confraternización que los primeros cristianos celebraban durante sus asambleas para profundizar sus lazos de concordia:el ágape se celebraba al final del oficio divino. Banquete".
Word Reference

"Dentro de la masonería es la denominación del banquete que se celebra tras una tenida, asamblea de la logia, sin ritual alguno.
Esta palabra griega, cuyo significado es "amor", fue empleada por los primeros cristianos como referencia del banquete de celebración de la eucaristía".
Diccionario Ecovisiones

Es decir: ¡Un banquete! Una celebración que reúne a gente con algo en común (en el caso de sus orígenes, los primeros cristianos que se reunían a celebrar la eucaristía) para comer. Me llama mucho la atención que el amor desinteresado, la capacidad de renuncia por el bien ajeno, esté vinculado a la comida. Tal vez porque alimento y amor sean la misma cosa. No parece casualidad que un gesto de amor absoluto sea “quitarse el pan de la boca, para dárselo al otro”.

Pienso en las veces que los cocineros contactamos con nuestro amor agápico cocinando para nuestros afectos (que en el mejor de los casos alcanzan a algunos de nuestros comensales). Recuerdo las veces que mi abuela cocinó para mí y me dio su amor perfumado en cilantro, las veces que, en su enfermedad, le retorné a ella mi amor con una taza de caldo caliente; cada vez que mi mamá disfrazó de canelones de espinaca su incondicionalidad, cada bocado que comí de la mano de mis amores, cada vez que vi en la cara de golosa satisfacción de mis afectos la aceptación de mi amor traducido en alimento sabroso.

Ágape es consumirse en el amor sin esperar recompensa. Un amor universal, sin intelecto, sin inicio ni final. En la pareja (ojala, mis amigos, hayan sentido la delicia de este amor alguna vez) es la entrega sin restricciones, sin miedo, sin límite. Es amarse de tal manera que sus deseos son los míos y mi renuncia es poco para la felicidad que encuentro en la suya. No es sacrificado, no es doloroso, es festivo y delicioso, es tan profundo y sustancial que se basta a sí mismo para dar felicidad. Es un banquete de amor.

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