Dinero fácil
Santi Santamaría, quien esquivó hasta donde pudo, participar en congresos, reuniones, salones y demás hierbas aromáticas; cuando no tuvo más remedio soltó esta perlita: “Los cocineros somos una partida de farsantes”. Creo que se refería a ésto (que pasa más veces, en nuestras narices, de las que admitimos):
"Sublimación" de huevos semicrudos = tortilla
"Deconstrucción" de Pomme de Terre = Papas en trozos
"Jugo" de oliva arbequina = Aceite de oliva arbequina
Me muero de risas!!!!!!!!

Sabiduría en gotas


Siempre me ha impresionado la capacidad de algunas personas de renumir un gran contenido de sabidoría en una frase. para muestra estos botones, unos muy serios y profundos, otros irreverentes, divertidos y sacados de la vida misma:

No hay amor más sincero que el amor a la comida.
George Bernard Shaw

El cerebro es mi segundo organo favorito.
Woody Allen

Para ti soy ateo. Para Dios, la oposición.
Woody Allen

Los hombres son fantasiosos, siempre quieren lo que está prohibido: la libertad, por ejemplo.
Carlos Cañas

Cuanto más talento tiene el hombre más se inclina a creer en el ajeno.
Pascal

Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.
Eleanor Roosevelt

Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje.
Ocatvio Paz

Inteligencia militar son dos términos contradictorios.
Groucho Marx

El conocimiento y la comprensión sobre los demás es sabiduría.
Lao-tsé

El que nada duda, nada sabe.
Proverbio griego

Retírate dentro de ti, sobre todo cuando necesites compañía.
Epicuro

Un torturador no se redime suicidandose.... Pero algo es algo.
Mario Benedetti

Vivimos en un mundo terrible. Una mitad del planeta muere de hambre y la otra de colesterol.
Jesús Quintero

Me gustan los hombres con futuro y las mujeres con pasado.
Oscar Wilde

De cerca, nadie es normal.
Caetano Veloso

La mejor manera de librarme de la tentación es caer en ella.

Oscar Wilde

La esclavitud no se abolió, se cambió a 8 hs diarias
Les Luthiers

Muchos jueces son absolutamente incorruptibles; nadie puede inducirles a hacer justicia.

Bertold Brecht

Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero. Ata duro a este hombre: no le atarás el alma.
Miguel Hernández

Ningún deber es más subestimado por las mujeres que el deber de ser felices.

Graciela Hierro

El amor sin pecado es como el huevo sin sal.
Luis Buñuel

Dios me perdonará: es su oficio.
Heinrich Heine

Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. El nos hará.
Julio Cortázar

La verdadera explicación sencillamente no se puede explicar.
Julio Cortázar

A los médicos es a quienes mejor les va: sus éxitos andan por ahí, y a sus fracasos los entierran.
Jacques Tati

El pesimista es un optimista con experiencia.
Francois Turffaut

La vida es todo aquello que pasa, mientras uno esta ocupado haciendo otra cosa.

John Lennon

La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos.
Concepción Arenal

El cerebro de los necios transforma la Filosofía en tontería,la Ciencia en superstición, y el Arte en pedantería.
George Bernard Shaw

El amor es un fruto que madura en todas las estaciones
y que se encuentra al alcance de todas las manos.
Teresa de Calcuta

La medida del grado de educación de un hombres la manera como trata a los animales.
Berthold Auerbach

Ninguna otra fragata nos lleva a todas partes como el libro.
Emily Dickinson

Soy hombre, nada humano me es ajeno.
Terencio

El arco dice bajito a la flecha, al despedirla: Tu libertad es mía.
Rabindranath Tagore

La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía.
Ludwig van Beethoven

Me aparto de la gente que considera a la insolencia valor, y cobardía a la ternura. Y también me aparto de aquellos que consideran charlatanería a la sabiduría e ignorancia al silencio.
Jalil Gibrán

Quien no ama su trabajo, aunque trabaje todo el día, es un desocupado.
Facundo Cabral

Soy el orgullo de mi abuela, que era la verguenza de mi familia.
Facundo Cabral

La gente suele ser curiosa por conocer las vidas ajenas y desidiosa para corregir la suya propia.
Agustín de Hipona

Un beso es como beber agua salada, bebe y tu sed aumentará.
Proverbio chino

Meme

Emperatriz Mata es una pastelera apasionada. casi todos los días publica en su blog no sólo las recetas de sus dulces (y a veces saladas) delicias, sino que las acompaña de fotos preciosas y poemas, reflexiones, cuentos, curiosidades y cualquiero otra cosa que le pase por la cabeza. eso hace de su espacio un dechado de belleza, de elegancia y una visita diaria obligada para mí.
hace unos días me invitó a responder este meme y aquí está:
LO QUE TE CHOCA: Los platos hechos con cortes de carne con huesos (osso bucco, chuletas, muslos de pollo)
LO QUE TE ERIZA: Los talk shows
LO QUE TE EXCITA: los dulces con crema
LO QUE TE SUELTA: la buena música
LO QUE TE HACE REÍR: Tom y Jerry, Mr Bean, Woody Allen, Robin Williams, Chespirito
LO QUE TE HACE LLORAR: Casi todo, por alegría o por tristeza, siempre lloro
LO QUE TE DA NAUSEAS: El cambur, la lechosa, el melón
LO QUE TE FALTA PARA SER FELIZ: Darme cuenta de que lo tengo todo
LO QUE TE TRAE INFELICIDAD: la violencia del mundo
LO QUE TE LASTIMA: La actitud cínica
LO QUE TEMES: Al dolor físico
LO QUE NO QUIERES PERDER: La libertad de hacer lo que quiero
LO QUE QUIERES ALCANZAR: La paz de espíritu
LA FECHA QUE ODIAS: Los domingos en la tarde
UNA FESTIVIDAD QUE ADORAS: Mi cumpleaños
UNA MENTIRA QUE HAYAS DICHO: “Voy a empezar dieta”
UNA NOSTALGIA: Las manos de mi abuelita




Comer o querer

Fui vegetariana durante varios años, me interesaba mucho la “buena alimentación” la “comida sana” y todo lo que tuviera que ver con alimentos alternativos. Pasé años investigando, años alejada de las carnes, los refrescos, la comida chatarra y las frituras. Hasta que, por obra y gracia de la vocación, comencé a estudiar cocina profesional. Poco a poco me convertí en lo que me gusta llamar “Omnívora conciente”, es decir, como todo lo que me parezca que valga la pena. Vegetal, animal o mineral. Me di cuenta de que aquella máxima bíblica “No es lo que entra por la boca del hombre lo que lo ensucia, sino lo que sale de ella” era mucho más cierta de lo que pensaba.

Hoy me encuentro una cita del Dr. Deepak Chopra que hace Marianne Williamson en su magnífico libro “Volver al amor” que me parece interesantísima y la clave de a verdadera salud:

Un estudio sobre enfermedades cardíacas llevado a cabo e la década de los setenta en la Universidad de Ohio se realizó alimentando conejos con dietas muy tóxicas y altas en colesterol, a fin de bloquearles las arterias y repetir, de esa forma, los efectos que tiene una dieta así sobre las arterias humanas. Se empezaron a observar resultados coherentes en todos los grupos de conejos salvo en uno, que extrañamente mostraba un sesenta por ciento menos de síntomas. Nada en la fisiología de los conejos pudo explicar su elevada tolerancia a la dieta, hasta que por casualidad se descubrió que al estudiante encargado de alimentar a este grupo de conejos le gustaba acariciarlos y mimarlos durante unos minutos antes de darles la comida; sorprendentemente, esto parecía bastar para que los animales se vieran mucho menos afectados por la dieta tóxica. En nuevos experimentos, en los que a un grupo de conejos se le trató de forma neutral mientras que a los otros se les demostraba cariño, se obtuvieron resultados similares. Repitamos que el mecanismo que causa esa inmunidad es totalmente desconocido; asombrosamente parece que la evolución ha incluido en la mente del conejo una respuesta inmunitaria que necesita ser desencadenada por la ternura humana”.

¿Es, en última instancia, el amor el verdadero alimento?

¿Son inútiles los esfuerzos, las privaciones, las abstinencias y los regimenes si no se experimenta y se expresa el amor?
¿De que tipo de amor se habla cuando nos referimos al amor sanador, al que nos alimenta y cura?

La comida y el amor son mis temas favoritos, a través del libro de Williamson, he encontrado conceptos totalmente nuevos con respecto al amor, la salud, la vocación, la voluntad y los proyectos. Conceptos que son claramente contradictorios con la noción hollywoodense o la judeo-cristiana en la cual el amor conlleva sacrificio, sufrimiento, celos, inseguridad y miedo al abandono.

Me falta mucho para asimilar estos conceptos, requieren coraje y desprendimiento. Lo que si tengo clarísimo es que cocinar con, por y para el amor es mucho más rico, más satisfactorio y, generalmente, sabe mejor.





Almíbar de dátiles

Dos años a dieta, dos implantes mamarios y dos liposucciones, hicieron de mí una mujer esbelta y bella. Renuncié al pan dulce con leche, a la pasta con crema, a la malta, a la milhoja de arequipe. Renuncié.

Me convertí en fan del yogurt, del agua de coco, de los masajes reductores, de las fajas y no me arrepiento. Soy lo que jamás imaginé ser, una mujer sexy. Sexy y sola.

Por eso mis amigas pegaron el grito al cielo cuando les conté que Agustín; si, el mismo de lentes de miopía, barriguita incipiente, discurso epistemológico reincidente y acento indeterminado; me había invitado a cenar. Yo lo tomé como una amabilidad hasta que vi sus ojos, como encendidos detrás de los cristales. Me di cuenta de que me estaba invitando a su casa a cenar. En un arrebato de tedio le dije que si, que iría, que mañana a las cinco de la tarde, como él, como todos nosotros, saldría de la oficina y estaría libre. Total, Agustín pertenece, sin lugar a dudas, a esa estirpe de hombres inofensivos que comen pasticho los domingos y toman ron con cocacola.

Mis amigas deliraron de felicidad ante mis ojos incrédulos. ¿Qué podía ser más soso que una cena con un tipo que sólo vive para leer y que aparenta más edad de la que tiene? Ellas, al unísono corearon felicitaciones, guiños de ojos y varios consejos que suenan terriblemente cursis a los treintaylargos años. Yo iría, por supuesto, vestida de diario, sin ningún mariposeo en el estómago y dispuesta a cenar frugalmente y a agradecer su gesto.

A las cinco en punto Agustín se asomó en mi oficina, me dijo que me esperaría en el estacionamiento. Yo, con esa sensación de hambre soslayada que he tenido desde hace dos años, asentí feliz de que se acercara la cena.

Lo seguí, la cola de la autopista era terrible. Él me enviaba mensajitos por el celular diciéndome que estaba encantado de que aceptara su invitación. Yo tratando de ser amable (y guiada por el hambre que ya me estaba acosando) le respondí que había aceptado encantada, pero eso si, iba a comer poco para respetar mi dieta.

Su mesa estaba tímidamente servida. Se disculpó y me dijo que tenía que calentar lo que había cocinado. Me habló de sus antepasados persas, de la cultura ancestral de sabores y perfumes que vivía desde hacía milenios en las tierras calurosas de Irán, que pertenecía a un reducido grupo de católicos iraníes, que estaba haciendo un curso de pensamiento complejo vía Internet.

Al momento de irse a la cocina comencé a sentir un aroma penetrante, de guiso, de especias, de aceites, de hierbas. No sabía exactamente de qué se trataba, pero se me hizo agua la boca. En minutos Agustín regresó con tres platitos, minúsculos, con berenjenas, zanahorias y aceitunas, eran las entradas.

Le digo que no tomo alcohol, me responde que lo sabe y me trae una copa con limonada perfumada con agua de rosas. Al momento de sentarnos a comer, el aroma del guiso era aún más penetrante. Le comento que huele delicioso y me dice que es una receta secreta de su familia, que los ingredientes los trae de su país, que jamás le dice a nadie el secreto de su preparación.

Al comer la primera aceituna un hilo de sudor me corrió por la espalda, era distinta, tremendamente distinta a cualquier aceituna que hubiera probado, carnosa, jugosa, casi acaramelada. Las berenjenas se deshacían en mi boca, las zanahorias, dulces y picantes, eran un deleite en mi paladar.

A medida que comía, Agustín hablaba suavemente. Se quitó los lentes y ante mí apareció un hombre con ojos profundos de pestañas enormísimas. Comía con tanta delicadeza que casi parecía estar rezando y con cada bocado suspiraba y me explicaba como en su familia, son los hombres los cocineros.

El aroma del guiso se me mete en el alma y Agustín se levanta de su silla y exhala un perfume de varón saludable y viril que no se corresponde con esa imagen de ser inofensivo que siempre tuve de él. Regresa de la cocina sonriente y me dice “el cordero es un animal muy especial, si no lo respetas te agrede con un mal sabor, pero si lo mimas, se deja cocinar como una exquisitez”.

Al lado del guiso de cordero, arroz basmati, una salsa de hierbabuena, más limonada con rosas y los ojos de Agustín, incandescentes y entornados, mientras yo engullo y envío a los mil demonios la dieta y la abstinencia.

El penúltimo bocado de cordero me angustia, ya se está terminando este manjar y yo hice una promesa que no he roto en dos años, jamás repetir. Agustín me mira y me dice “voy a servirte un poquito más” yo le devuelvo una mirada suplicante que él entiende de inmediato y me explica “Hago este cordero muy pocas veces al año, te conviene comer todo lo que puedas”. Agradezco íntimamente que me de un buen argumento y le digo que me sirva, que voy a repetir, que me sirva como si fuera la primera ración.

Mientras como, Agustín me comenta que su especialidad es la cocina dulce, los postres de su país son almibarados y rinden culto a los frutos secos. Impaciente, termino de devorar el guiso y experimento una paz de espíritu y un placer gastronómico distribuido por todo el cuerpo.

En un plato azul cobalto, trae una minúscula mousse de crema de leche de cabra regada por un almíbar de dátiles. La cucharilla de desliza por ella y sé que en tres bocados daré buena cuenta de aquella liliputiense delicia. Al llevármela a la boca siento como si miles de estrellitas explotaran en mi lengua y un rocío de miel me bañara entera. Completamente extasiada, me olvido de Agustín y me entrego al goce lúdico y lujurioso que el postre provoca en mí. Cierro los ojos y sólo quedamos ella y yo en el mundo, ella para ser devorada, yo para encontrarme conmigo misma y dar gracias a Dios por estar viva.

Cuando abro los ojos me encuentro con los de Agustín que me mira fijamente y me dice “Esta es una cena dedicada a ti. La cociné para decirte que creo que eres la mujer más bella y solitaria del planeta. Tu soledad y la mía son idénticas, por eso, sabía que sólo tú podrías disfrutar de esta comida como yo lo hago, sólo tú y tu soledad podrían entenderme a mi y a mi soledad”

Cuando lo besé me di cuenta de que él estaba comiendo la misma mousse con un almíbar de damascos.

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Hoy, Atahualpa Yupanqui, a cien años de su nacimiento




El amor en los tiempos del cólera



“Al despertar en su primera mañana de viuda, se había dado vueltas en la cama, todavía sin abrir los ojos, en busca de una posición más cómoda para seguir durmiendo, y fue en ese momento cuando él murió para ella. Pues sólo entonces tomó conciencia de que él había pasado la noche por primera vez fuera de casa. La otra impresión fue en la mesa, no porque se sintiera sola, como en efecto lo estaba, sino por la certidumbre rara de estar comiendo con alguien que ya no existía. Esperó a que su hija Ofelia viniera de Nueva Orleáns, con el esposo y las tres niñas, para sentarse otra vez a comer en la mesa, pero no en la de siempre, sino en una mesa improvisada, más pequeña, que hizo poner en el corredor. Hasta entonces no había hecho ninguna comida regular. Pasaba por la cocina a cualquier hora, cuando tenía hambre, y metía el tenedor en las ollas y comía un poco de todo sin ponerlo en un plato, de pie frente a la hornilla, hablando con las mujeres del servicio que eran las únicas con las que se sentía bien, y con las que mejor se entendía.”
Extracto de El amor en los tiempos del cólera.
Gabriel García Márquez



Juan Mari Arzak y Rebeca Buendía


Rebeca llegó a la casa siendo una niña flaca y de ojos saltones, con los huesos de sus padres en un talego. Tenía una predilección gastronómica excéntrica: comía tierra. Cuando encontró la paz en casa de sus padres adoptivos, abandonó el hábito, pero cuando el fuego del amor consumió por primera vez su alma, lo retomó y, cada vez que una crisis emocional la descalabraba, volvía al patio de su casa a buscar entre las matas el consuelo de los sabores minerales de la tierra de Macondo.

Joan Marí Arzak, en una deliciosa entrevista que le concedió hoy a César Miguel
Rondón en su programa matutino, contó que mañana en Madrid Fusión hablará de cómo cocinar con tierra. Arzak toma tierra “ecológica”, pura, sin contaminación, donde por ejemplo, haya crecido un cerezo, y hace con ella una infusión que utiliza como ingrediente de una salsa. También habló de cómo usar arcillas y de que esos gustos terrestres deberían estar presentes en la alta gastronomía.

La ingesta de arcilla no es nueva. Es un recurso terapéutico utilizado desde la antigüedad como bálsamo para sistemas digestivos candentes. Yo he tomado arcilla y la sensación de frescura es inigualable. Llevar este conocimiento ancestral a las mesas de la vanguardia me parece, no sólo justo, sino estimulante de los desprejuicios. ¿A qué sabrá una salsa hecha con tierra de las montañas del Tibet? ¿O de los desiertos de Australia?

Lo cierto es que hasta tierra van a degustar los afortunados que asistan a Madrid Fusión 2008. Rebeca Buendía se daría un lujo con Arzak.


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Los sueños


-Presta atención a tus sueños, ahí hay claves-

-Si, Mirem, lo haré-

- Muy bien, nos vemos la próxima semana-

Se sentía a salvo desde que empezó su proceso terapéutico con Mirem, quien tenía oídos agudos y desprejuiciados. Su migraña constante, sus cambios bruscos de humor, su llanto fácil y un vacío existencial que cada vez se le hacía más oscuro, fueron las razones por la cual empezó a asistir semanalmente a terapia. Tenía como objetivo primordial darle un sentido a su carrera que estaba estancada y aburrida desde hacía mucho tiempo.

Esa noche soñó con un tren lento y de madera que recorría Catalunya y que la dejaba a orillas de un pozo. Un hombre sacaba la mano del agua y le daba un helado de pistacho.
La noche siguiente soñó que su amiga estaba embarazada y su vientre era azul y translúcido, el bebé se movía y ella podía verlo. Su amiga comía un enorme trozo de strudel de manzana.

Al otro día soñó con su papá, un goloso empedernido, quien metía los dedos en un frasco de miel y con ella escribía sobre un papel. Al día siguiente amaneció con la boca hecha agua porque se veía a sí misma batiendo una pasta acaramelada de nueces, almendras, avellanas y cáscaras de naranja. Pasó dos días sin recordar sus sueños hasta que, la noche previa a su visita semanal a su terapeuta, soñó que entre ella y su hermano se comían la casa de la bruja de Hansel y Gretel mientras oían Llorarás y una flor de alcachofa nacía de su pecho.

Al llegar a la consulta, se sentó con una expresión triunfante y dijo:

- Ya sé de que se trata, descubrí lo que mis sueños me están diciendo: Debo tomar ese curso de pastelería al que le tengo tantas ganas, o me arrepentiré con lágrimas amargas…-






Los cien años de un morenazo




A sus cien años sigue siento tan apetecible como en su juventud. El Toblerone es un morenazo que nos ha arrancado suspiros a varias generaciones de fans.


Yo confiezo que el chocolate no es mi golosina favorita, incluso, en algunos formatos (galletas, torta, helado, bitter) me parece medio maluco. Pero en bombones o en deliciosos triangulitos rellenos de turrón, me encanta.


El señor Jean Tobler hizo una mezcla entre su apellido y la palabra "torrone" que significa turrón en italiano (para que vean que no es sólo aquí donde se mezclan los nombres de tíos, primos, cuñados y personajes de novela para bautizar a los carricitos) y creó para nuestra delicia su mítico chocolate.


Si mantenerse en el tiempo con calidad es una hazaña, celebrar los cien años ofreciendo semejante bocado es toda una proeza. Somos afortunados de vivir en estos tiempos.

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