La voz de Dios
Si Dios tuviera una voz audible, me encantaría que fuera una voz masculina, varias voces a decir verdad, me gustaría que Dios cantara como un coro de voces oscuras y almibaradas.

Me gustaría que entonara su canción casi en un susurro, que fuera íntimo, algo entre él y yo. Que se tocara el pecho cuando me cantara y me dijera miles de veces que me da todo y que me cuida porque me ama. Además, me gustaría que Dios bailara y fuera feliz al cantarme su amor.

Tal vez esas voces existen, vestidas de colores y con el ardor de las sabanas africanas en la piel. Tal vez Dios me da la oportunidad de oírlo a través de LadySmith Black Mambazo.


Taller de Cocina Mediterránea

Estoy feliz.

El Domingo 7 de Octubre doy un taller de Cocina Mediterránea en mi querido Instituto Cocinart. Lo diseñé con amor y entusiasmo oyendo a Joan Manuel Serrat cantanto "...Y qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo... "

Vamos a cocinar cordero, el muy de moda ratatouille (con un toque ahumado que me encanta) pastelitos de philo con queso feta, cuscús y otras cosas ricas más. De postre haremos panna cotta de naranja y un arroz con leche muy cremoso (por varios ingredientes secretos que le añado), sobre una sopa de frutas.

Si se quieren enterar de los detalles, escriban a paladar_inteligente@yahoo.com. Vamos a divertirnos, a aprender y a comer delicioso.

La salsa II
Para mis alumnos, en una embestida de la nostalgia

En el siglo de las luces, en Francia, nació el que se convertiría en un chef talentoso y muy ingenioso llamado Antoine Caréme, quien, entre otras cosas, organizó la información que tenía sobre las salsas y propuso un sistema al que llamó “Salsas Madres”…

Las salsas son llamadas “madres” porque a partir de ellas, añadiendo otros ingredientes, podemos obtener salsas derivadas…

Las salsas madres se dividen por temperatura en: Calientes, tibia y frías. Por colores en claras y oscuras…

Las calientes y claras son: Bechamel y velouté. Las calientes y oscuras son: española y de tomate. Las frías y claras son: vinagreta y mayonesa...

La salsa holandesa es una emulsión al vapor de yemas de huevo, vinagre y mantequilla líquida, es la única salsa madre que se sirve tibia. Al principio una de cada diez salsas holandesas que montaba se me cortaba. Ahora hemos hecho las pases, yo la trato con delicadeza, ella no me pone en ridículo...

¿Es la demi glace una salsa madre? Jamás he encontrado una respuesta satisfactoria. Para mí, la demi glace está en el limbo de las salsas… Y allí debería quedarse.

La salsa bechamel es una mezcla de leche aromatizada con cebolla mechada y roux claro. Mechar una cebolla es introducirle clavos dulces y una hoja de laurel. Roux es una mezcla, al calor, de harina y mantequilla en cantidades iguales, su color depende de cuanto tiempo se cocine…

Si las salsas madres son europeas, la salsa de pescado tailandesa, la salsa de soya de los chinos, las salsas picantes de los mexicanos y los currys hindúes son salsas abuelas.

¿Dónde quedan el mole, la guasacaca, la salsa de ají peruano, el chimichurri, la salsa del asado negro (que debería existir por sí misma y no sólo asociada al muchacho azucarado) y el pico de gallo? ¿Serán parientes bastardas? ¿Tendrán el linaje de las otras? O ¿Serán de una familia distinta con su propia estirpe?

Hace tiempo que no doy clases, caí en la trampa de la nostalgia al escribir estás frases tantas veces repetidas mientras mis alumnos cortaban ajos o hacían mantequilla noicette. A veces es bueno volver a lo básico, repetirse a sí mismo cosas que uno cree saber y que tal vez aún guardan sorpresas.

Para la nostalgia, ésta salsa oscura y dulce: La salsa madre… O la madre de la salsa:

La salsa

La salsa me encanta, me parece que resume todo lo bueno de la vida: Sedosidad, ligereza, fuerza, sabor. Eso si, me gustan las buenas salsas, las creativas, las que me sorprendan, las que me hagan querer repetir la experiencia.
Yo tengo dos fetiches en la salsa: El añadido de azúcar, porque amo el contraste, amo las frutas que juegan con la contundencia de la carne, me encanta sentir que me estoy comiendo un poco de postre en el plato principal. Y Ruben Blades.
Me enamoré perdidamente de él cuando tenía cinco años y lo ví cantar Plantación Adentro. Ha sido un amor apasionado y fiel que sólo ha crecido con el tiempo.
Yo creía que luego de Pedro Navaja, El padre Antonio, o La Canción del Final del Mundo, cuando Rubén dijo "Bueno, le he dado a la salsa los mejores episodios, a los salseros les he dado ritmo y poesía a manos llenas, ahora me voy a dedicar a otra cosa", en serio lo iba a cumplir. Mi guayabo fué terrible, fuí a llorar desconsolada a su concierto de despedida en el Poliedro y sentí que un lugar de mi vida se había cerrado sin remedio. Afortunadamente, Rubén debe haber pensado "ese pacto no es con Dios" y volvió.
Esta vez, es obvio que viajó; debe haber tomado mucho Whiskey en Escocia, debe haber tomado mucha sangría en Andalucía, pués su disco Mundo es una salsa ecléctica, con sonidos insólitos de gaitas y ritmos de la gitanía española que lo dejan a uno perplejo como si estuviera frente a una salsa de parchita, chiles picantes y cardamomo.
Aquí mi canción favorita del disco, una locura de percusión latina y ritmos andaluces, una letra tan hermosa, tan conmovedora, tan llena de poesía que si el resto del disco no sirviera (que no es así, hay canciones verdaderamente magníficas) valdría la pena sólo por ella.
Bochinches:





Y la letra:

Mi madre no descansó y trabajó hasta preñada,

Por eso, donde ella fuera yo adentro la acompañaba.

Y mi abuelita decía "así nos salió la baraja!

En la casa de los pobres hasta el feto trabaja!"

A la mansión del patrón un negro ha sido invitao,

Lo mandaron a buscar como acto desesperao.

Al no poder curar al señorNuestros blancos e ilustres doctores

Del brazo de la patrona llegó San Martín de Porres!

Manejaba su virtud como si ella fuera un taxi:

Por plata iba el pasajero, de la teoría a la praxis.

Su cuerpo, una carretera que accidentó a mucha gente.

Su amor, un huérfano herido,Siempre buscando pariente.

Amigos queridos


Estuve ausente mucho tiempo, ocupada haciendo cosas importantes en Mérida y sin acceso a internet. Hoy al fin, me conecto y encuentro dos sorpresas bellísimas:

Zulmy y su entusiasta blog cocineril en el cual nos muestra sus experimentos y su amor a la gastronomía, me ha dado su Thinking Blogger Award por el Paladar Inteligente.
Adriana, una venezolana que comparte con encanto y buen humor la crianza de su hija, la experiencia de la vida lejos de la patria y hasta nos regala la visión del nuevo bebé que se está gestando, nos dió el mismo premio Thinking Blogger Award por nuestro blog Diario de una Adopción (aunque tenemos meses sin postear nada, pues, no es nada interesante este período de recaudación de papeles).

Desde mi corazón les agradezco.

La comunicación "Bloguera" me sorprende, quizás porque es un espacio muy íntimo y al mismo tiempo totalmente público, uno puede llegar a tocar la fibra sensible de gente linda a quien no se conoce y viceversa.

Tengo la tarea de elegir cinco blogs para darles este premio. Me tomaré mi tiempo, pués, he visitado a tanta gente inteligente, a tantos blogs sensibles y maravillosos que me resulta difícil elegir.

Por lo pronto y de una vez, este es mi primer blog premiado:

María Amelia tiene 95 años de edad, y el día de su cumpleaños,
su sobrino le regaló un blog (para felicidad de todos los que la hemos leído). Allí, María Amelia relata con absoluta pureza y completo desparpajo, sus vivencias que van desde su viaje a Brazil hasta los detalles de su vida cotidiana. Este blog me hace pensar... Y mucho. Me hace pensar en el futuro, en el concepto que tengo de la vejez, en las limitaciones que a veces siento (en la mitad de la treintena) y que me parecen una tontería cuando leo a María Amelia decir: "La gente de mi edad no se conecta, están siempre rezando el rosario, creen que internet es pecado mortal, y que es de los jóvenes"... Bravo!!!


Imagen2

Etimología de la palabra Horchata

Hace algunos años viajé a Barcelona, España. Entre Gaudí, los caracoles a la llauna y el mediterráneo en verano, fuí feliz; pero una cosa me volvió loca: la horchata de chufa.

Una bebida deliciosa, refrescante, con un sabor almendrado y una textura de seda, me acompañaba casi a diario mientras caminaba por el Paseo del Ángel.

Hoy encuentro aquí una historia preciosa que quiero creer:

"Cuenta la historia que cuando el rey de Aragón Jaime I se encontraba reposando en Valencia, una joven doncella se le acercó para ofrecerle un cuenco lleno de una bebida fresca, blanca y dulce. El rey, complacido por su sabor, preguntó: “¿Qué es aixo?”, y la joven respondió: “Es leche de chufa”, a lo que el rey rectificó diciendo, “Aixo no es llet, aixo es OR XATA!” (¡esto no es leche, esto es oro, guapa¡), y algunos atribuyen la palabra horchata a esta leyenda"
Imagen 1
Imagen 2
Imagen 3

Cúrcuma y aceite de oliva contra el mal de Alzheimer
Hace algunos días, conversando con mi mamá, llegamos a la conclusión de que una buena vacuna contra las demencias seniles era el estudio, la lectura, la constante e implacable actividad intelectual. Curarse de esa enfermedad que viene con la madurez que se llama Certeza; cuestionar lo que uno sabe y darle paso a las nuevas verdades que se revelan independientemente de que las entendamos o no.
Pero resulta que también podemos evitar, al menos el mal de Alzheimer, comiendo cúrcuma y aceite de oliva.

Sabiéndola usar, es decir, tratándola con delicadeza y
usándola con mesura, la cúrcuma es un condimento maravilloso que viste de dorado todo lo que toca y aromatiza tan bien que uno cree estar comiendo flores. Si uno abusa, se comporta como una niña malcriada que grita y atormenta anulando cualquier sabor.

Un estudio revela que tiene antioxidantes que eliminan el exceso de proteínas del cerebro, lo cual está asociado al mal de Alzheimer.

El Aceite de oliva, una joya que han apreciado desde los antiguos habitantes del Mediterráneo hasta cualquier cocinero de hoy, esté donde esté; contiene un antioxidante que protege a las neuronas contra procesos degenerativos como el mal de Alzheimer.
Una razón más (como si se necesitaran) para darnos periódicos gustazos con curry, del que la cúrcuma es su principal ingrediente y alternarlos con los platos con sabor mediterráneo.

Estoy en Mérida
Esta ciudad me revitaliza. para mí estar en Mérida es como volver a mi hogar (aunque sólo haya vivido aqui tres años en los tempranos 90´s)
En casa de mi amiga Raiza Andrade, me tropecé con una joya: Veintitantos amores y pico de Mónica Montañes. Aquí transcribo un cuento con tintes gastronómicos que me pareció divertidísimo y arrancado de la vida misma:
La indecisión de la Nena

Mónica Montañes
Veintitantos amores y pico


La Nena estaba sentada frente a las flores del doctor Novoa y al frasco de dulce de lechosa, indecisa.
De un lado, aquellas rosas magníficas, de tallo largo, largísimo. Del otro, aquel melao exquisito, con el punto de clavo y papelón exacto. En una mano, la tarjetita con el número privado, tentándola. En la otra, la cucharita de metal ya lista. Dos caminos muy distintos hacia dos placeres muy distintos y ella, divertida, saboreando su indecisión.

Por un lado, el doctor Novoa, tan rico, tan recién divorciadito, con aquel bigote tan pobladito colgándole del despecho. Cincuentón sabroso, corrido en mil plazas, olorosito a perfume, con la seguridad en sí mismo recién resquebrajada por el abandono, inesperado y fulminante de su señora, Natalia. Tan bonito y desprotegido que había quedado luego de que Natalia, furiosa por el último cuerno, le jurara y cumpliera su venganza. Tan solito y tembloroso que andaba porque su mujer no sólo le había puesto cuernos y se lo había dicho, sino que se había enamorado y hasta ido con un hombre más millonario que él. Pobrecito. Y tan sensual que le resultaba a La Nena la idea de llenarle de besos aquella boca atónita, aquellas manos sin pulso con su cuerpo, aquel susto de ganas, aquella rabia de sexo, aquel silencio de yo si te quiero, papi, aquella tristeza inmensa con su risa desfachatada. Bello el doctor Novoa, enfluxadito, entalcadito, recién bañadito, pidiendo cariño a cambio de esas manos enormes, de uñas amplias y pulidas, de esos zapatotes talla cuarenta y déle, presagiando y prometiendo otras dimensiones tan atractivas como él. Rato que tenía La Nena midiéndole el tumbao al doctor Novoa, las carencias al doctor Novoa, el hambre y la vergüenza en la mirada. Rato que tenía La Nena tropezándoselo en los pasillos, oliéndole las intensiones y el susto, hasta que hoy, mira tú, le llegaba una sugerencia envuelta en rosas de tallo largo. Era sólo cuestión de llamarlo, agradecerle el gesto, darle pié a la pregunta, sonreírle en la respuesta, perfumarse las intenciones y apostarle a la felicidad. Eso por un lado.

Por el otro, el frasco recién llegado de Barlovento, tan rico, tan recién hecho, con aquellas tiras de lechosa verde, cocinaditas a fuego lento hasta volverlas dulce translúcido tostao, con sus tropezones de clavo de olor, con el juguito pringoso del papelón bañándoles la oferta. Rato que tenía La Nena soñando con aquel encargo que le llenaría la boca de milagros y recuerdos. Rato con el paquetito de galletas María esperando en la alacena para matizarle el antojo. Rato disfrutando por adelantado el momentito glorioso en el que el melaíto le bañara la lengua y le acariciara y carraspeara en la garganta, poco a poco, pedacito a pedacito, y mira tú que justo hoy, al mismo tiempo que las flores, le llegaba aquel goce infinito en frasco tibio. Era sólo cuestión de desenrollar la tapa, servirse una buena porción en el plato vacío, bañarla con el juguito marrón caramelo, mojarle las puntitas a la galleta, entrarle lentamente con la cucharilla de plata, cortarlo con los dientes, relamerse las gotitas y apostarle a la felicidad.

La Nena no podía decidirse entre el doctor Novoa y el dulce de lechosa, tan buenos que debían estar ambos. Se acomodó mejor en la poltrona y entrecerró los ojos intentando buscarle los contras a alguno de los dos.

Por un lado, el doctor Novoa era un patán. De esas maravillas de hombres que esconden, mal, peores personas. Capaz de bajezas subterráneas y comentarios soeces y a destiempo. Pichirre en los halagos, generoso en frases hirientes. Cobardón y prepotente o viceversa. Aficionado a la crítica destructiva para ocultar sus defectos. Complejo animal de corbata que navegaba cómodo mientras la pareja se le sintiera agradecida con sus escuálidas deferencias y no se diera cuenta de que era él quien se estaba muriendo, agradeciendo. No en balde, Natalia había salido huyendo en lo que el otro la aceptó rendido como la princesa que era. Y ese abandono – de eso La Nena estaba más que conciente – debía haber puesto el ego del doctor Novoa en el ánimo de quien quiere revancha. Claro que ella no lo quería como marido, Dios me libre, pero siempre se corría el riesgo de engancharse en la tentación de cambiarlo y de hacerlo feliz. De que con ella iba a ser distinto. Era cuestión de hacerse la loca, perder en un descuido la tarjeta, dejar el agradecimiento del gesto para la sequedad de un pasillo, no darle pié la le pregunta, obviarle la respuesta, traspapelar las intenciones y apostarle a la tranquilidad. Eso por un lado.

Por el otro, el dulce de lechosa en almíbar de papelón engordaba como nada, le iba a acarrear unos kilos que no necesitaba en lo más mínimo, la obligaría a darle más vueltas al parque, mareándole la agenda, a condenarse a la lechuga y a la pechuguita de pollo a la plancha, a irse a la cama sin cenar. No en vano había extirpado de su dieta los azúcares, para permitirse tan sólo, alguna que otra tarde de domingo sin mejor plan, una bandejita de caracolas llenitas de pasas. Era cuestión de guardar el frasco en uno de los gabinetes de arriba, llevarlo en la mañana a la oficina, compartirlo con todos los del piso, probar únicamente una ñingita antes de alguna junta urgente y apostarle a la tranquilidad de la balanza.

La Nena no lograba decidirse, pero tampoco lograba negarse los dos placeres. Eso si sería como mucho, como demasiado. Sólo lanzándose de cabeza sobre alguno de los dos podría soportar obviar al otro. También estaba el momentazo en el café de las cuatro y media de la tarde, frente a las colegas. La cara de envidia que podrían todas cuando ella, sonriendo, triunfal, soltara como si cualquier cosa, “¿El doctor Novoa?, ese cuerpito fue mío”, para luego verlas murmurar, odiándola. Eso la haría feliz, pero no más feliz que zamparse el frasco entero de dulce de lechosa sin contárselo ni compartirlo con nadie.

Ya no soportaba más La Nena tanta indecisión y, harta de pensarlo tanto, optó por lo que consideró más seguro e inmediato. Destapó el frasco y arrancó. Estaba inmenso. Había tomado la decisión correcta. Siempre podía llegar al día siguiente a la oficina, sonreír llena de pecados y dejar colar la noticia de que ayer había recibido un ramo de rosas magníficas de tallo largo de parte del doctor Novoa, picarle el ojo a la más chismosa y dejar que todas completaran el resto del cuento. Disfrutaría lo mismo porque la odiaría idéntico. Eso por un lado.

Por el otro, pensó La Nena, divertida con el plato de dulce de lechosa con galletitas, ella nunca había hecho el amor con la boca llenita de melao de papelón y, quien podía jurar lo contrario, a lo mejor los clavos de olor y el doctor Novoa resultaban la combinación perfecta.

Tarea

Mi querida María Dolores me invitó a responder este cuestionario:


1. ¿Cuáles son los olores y sabores que te recuerdan la infancia?

Cuando era pequeña, mi abuela vivía en Maracay (una ciudad calurosísima), cuando llovía la ciudad se enfriaba y ella me hacía un té de ruda con leche; cada vez que huelo la ruda, me acuerdo de eso. La arepa con mantequilla y queso rayado, los almidoncitos, los ravioli con crema blanca, el queso pecorino, el mango, la torta fresier.

2. ¿Cuál es el personaje de alguna historia, novela, cuento o película que te hubiese gustado ser?

Me hubiera encantado ser ese romano que le dijo a Jesús “No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanar”.
Hubiera sido feliz siendo Mary Poppins o Jessica Rabbit.

3. Si fueses mascota ¿cuál escogerías y cómo te gustaría que te trataran?

Un tigre de Bengala amaestrado. De esos que conviven con los humanos, se divierten con ellos, comen rico y juegan, pero que siempre están en la línea entre la mascota y el animal salvaje.

4. Alguna maña o manía que conservas aún después de grande.

Hago muchos gestos faciales. De chiquita me decían morisqueta.

5. Si volvieras a la adolescencia ¿qué aspecto de tu vida te hubiese gustado cambiar?

Uff… Yo si que cambiaría cosas. Quizás la angustia. Siempre he pensado que la adolescencia es una enfermedad que se cura con el tiempo. Si pudiera cambiar algo sería la angustia que siempre sentí con respecto al futuro.

6. ¿Cómo imaginabas tu vida cuando eras niño?

Estaba segura de que iba a ser obstetra.

7. ¿Alguna vez se te ha escapado algún sueño?, si son muchos ¿Cuál te hubiese gustado atrapar?

Me hubiera encantado seguir cultivando mi aspecto físico con el ballet. Soy una bailarina atrapada en éste cuerpo gordito… Jejeje

8. ¿Cómo te gustaría que te recordaran tus hijos?

Como alguien con quien aprendieron, se divirtieron, se sintieron respetados y les proporcionó tanto amor y seguridad que se dieron cuenta de que la vida es más fácil de lo que parece.

Imagen

“Pintar es como comer”
Ayer Tomás nos invitó al cierre de la FIA. Nos dimos un banquete de belleza, optimismo y disfrute, viendo lo mejor del arte de todas las Américas.
Me impresiono especialmente el colombiano Darío Ortiz, quien me hizo pensar que nada se esconde para un verdadero artista.
Pero la gran sorpresa fue encontrarnos a Ramón Chirinos. Amigo y compadre de mi esposo y uno de los artistas plásticos más prolíficos y talentosos de Venezuela.
Ramón, encantado de conseguirse con amigos, nos contó que la FIA había sido un éxito. En un país donde el arte parece estar relegado a un segundísimo plano, un espacio como la FIA, en el cual los artistas plásticos se pueden encontrar con el público, hambriento de belleza y dispuesto a robarle horas al tráfico, es una buena noticia.
Ramón, reflexionando sobre el apego del artista a su obra y las dificultades de algunos pintores para decidirse a vender sus pinturas nos dijo: “Pintar es como comer, lo disfrutas mientras lo haces; luego, la pintura es de los demás”.

Amigos, disfruten de las obras gastronómicas de Ramón Chirinos: