viernes 23 de mayo de 2008


La manta guajira


Quiso el destino que yo naciera de la unión surrealista de un antropólogo maracucho y una socióloga caraqueña de familia gocha. Quiso además que naciera a principios de los años setenta en la Caracas de neblinas y de la post guerrilla. Quiso también que en esa mezcla se unieran los fuertes rasgos timotocuica de mi abuelo materno con la locura genética de mi padre en donde hay orfebres suicidas y zulianas de ojos verdes adivinos, descendientes de árabes.

No contento, el destino me tendió una jugarreta, mandó a mi padre a U.S.A a estudiar veterinaria, pero allá, libre de los antedichos ojos verdes de mi abuela, decidió que iba a estudiar antropología para siempre y que iba a ser comunista, mientras mi madre sobrevivía a la dureza de vivir bajo el manto de hierro de la moral andina de ventanas diminutas en el calor sofocante de Maracay.

Se encontraron en la escuela de Sociología de la U. C. V, él era profesor sapientísimo pero con tendencias de torturador, ella una niña que no tenía ni idea de donde se había metido. Cuando mi mamá estaba a punto de graduarse, él se dio cuenta de su existencia; se vieron, se amaron y aquí estoy.

Mi infancia fue colorida; me arrullaban con “que culpa tiene el tomate de estar tranquilo en la mata…” jugaba poco con muñecas, pues me interesaba más la música, sobre todo esa que me llegaba a los huesos que cantaba una señora argentina enorme a quien le decían “La Negra” y que hablaba sobre una mujer que jugaba con caballos marinos en una ronda.

Mi mamá y mi papá leían mucho, en vez de ir a la playa (prohibida para mi mamá, porque el sol le manchaba la cara) se quedaban acostados, arropados hasta la barbilla, cada uno con un libro, en el mayor de los placeres, mientras yo me preguntaba qué hacían los otros niñitos para llegar al colegio con otro color en la piel.

Mi mamá y mi papá me adoraron siempre; mi papá en su desequilibrado modo bipolar, mi mamá a su manera desprejuiciada y de buen humor; jamás me mintieron con cuentos sobre el niño Jesús, siempre me hablaron con la verdad.

Me compraron un cuatro para que al fin yo fuera feliz e hiciera mi propia música, me regalaban libros de cuentos y pintaron una pared de rosado en mi cuarto. Me llevaban al cine y a mi disfrute favorito: comer. Íbamos al “Veccio Mulino” donde yo comía ravioli a la crema bañados en parmesano y ahí entendí el concepto de la palabra placer. Me inscribieron en el mejor colegio del mundo, en el cual los niños opinábamos, aprendíamos música, bailábamos y nos cuidaban como si fuéramos todos de la misma familia.

Pero ellos eran gente responsable, intelectuales con conciencia social, con preocupaciones ecológicas, con identidad nacional. Eran críticos, analíticos, auto conscientes y protestatarios. La verdad es que yo podría resumir todo esto diciendo que eran excéntricos.

Ellos excéntricos y yo su conejillo de indias.

Un día a mi mamá le pareció una idea fabulosa pedirle a mi papá, que iba a Maracaibo, que me trajera una manta guajira. Lo insólito no es que ella se lo pidiera, lo asombroso es que a él le pareciera una idea estupenda. Pasaron los días y, además de mis codiciados huevos chimbos, mi papá me trajo una manta guajira talla 8, fucsia con dibujitos.

Pero más pasmoso aún, ellos no pensaron ponerme la manta para carnavales… Bueno, no al menos inicialmente. Ellos pensaron que ese podía ser un look perfectamente normal para una niña con un corte totuma un miércoles a las 3 de la tarde para ir a comer helados.
Mi hermano Jack con lechina,
yo con mi manta guajira

Yo, que veía que mi mamá usaba huipiles guatemaltecos para ir al Cada, jamás cuestioné la pinta; hasta que… Llegaron los carnavales.

Ya había pasado por una experiencia frustrante. Yo tenía un pijama chino al que adoraba; supongo que por falta de dinero (es que teníamos mucha conciencia de clase) mi mamá me encasquetó el pijama, me achinó los ojos con delineador y así me mando al colegio a festejar los carnavales; yo me sentí estafada.

Pero esta vez, la cosa era más grave, me pusieron mi manta, unas sandalias de borlas, y así fui… A lanzar papelillos en Los Próceres, mientras mis amiguitas, menos comprometidas con las reivindicaciones sociales de las minorías, se disfrazaban de Mujer Maravilla o de Fresita.

Afortunadamente el tiempo pasó, vinieron disfraces fascinantes de gitana, bailarina y payaso. Cualquier cosa que no mancillara mi formación ideológica.

El mismo tiempo que me deparó esos disfraces, fue cambiando los pensamientos de mis padres. Papá empezó a escribir sobre apariciones marianas y mi mamá a leer sobre reencarnación y perdón.

Papá murió pensando que el comunismo era un espejismo donde se deformaban las buenas voluntades. Mamá, luego de separarse de él y encontrarse consigo misma, descubrió que la autoconciencia es bastante más que el cuestionamiento hacia afuera y que le importaba tanto la vida material como la inmaterial. Ahora, con algunos retoques estéticos, bastante formación esotérica y un post grado en Psicología Social, es capaz de decirme con el mayor desparpajo: “Yo ya pasé mi fase étnica… Ahora, me gusta la ropa sexy

El tomate.wma -

miércoles 21 de mayo de 2008


Con las manos en la masa


Estudiar gatronomía se ha convertido para muchos en la cristalización de la vocación artística. Cuando yo estudié cocina descubrí que podía ser feliz cortando cebollas, investigando los orígenes del rissotto y montando claras; fué una revelación, pues siempre estuve segura de que mi vocación más fuerte estaba ligada a la academia, a los estudios clásicos donde se pasan cinco años presentando exámenes y uno se gradúa de toga y birrete.

Mucha gente, agotada de los oficios tradicionales, incursiona en la gastronomía, y una de las formas más bellas de hacerlo es a traves de las masas. La panadería, humilde y silencioso oficio, está llamando cada vez más a la gente sensible y de buen gusto. El sábado 3 de mayo tuve la fortuna de ser jurado de la presentación final de un grupo que se hacía acreedor del título de Maestro Panadero en el Grupo Académico Panadero Pastelero; y hablar de ellos con objetividad para mí es imposible, vi nacer este proyecto, optimista y honesto, de la mano de mi ex alumno y amigo Joel Eliaz y mi profesor de panadería Carlos Arias.

Ronald Arias (hijo de Carlos) se estaba estrenando como instructor de panadería, este fué su primer grupo y los resultados fueron extraordinarios. El nivel de los productos que se presentaron fué altísimo, las sorpresas que nos llevamos fueron muchas y muy gratas. Un razgo unificó toda la presentación: los sabores de la infancia, los referentes familiares, las nostalgias, los platos hechos por las manos de las abuelas, los sabores de las tierras de los orígenes, unido al conocimiento de la técnica profesional en panadería dió como frutos panes originalísimos, hermosos, deliciosos y sorprendentes.

El jurado (goloso y con la boca hecha agua) con Joel Eliaz


Juli presentando sus brioches de camarones y huacatay y su pan atávico (Juli es peruana y usó hierbas de su país)






















Arlinda nos contó como diseñó su "Pan de Pelao" inspirándose en el Pelao Guayanés que cocinaba su abuela

Janisset y su Pantola rellena de cebolla morada
























El profesor Ronald orgulloso

Raquel Elíaz y sus dorados Muffins de Auyama con melao de papelón


Diego y su Pan Mío


Marina y su Pan Especiado de Cointreau


Fabi y su Pan Spléndido (alto en fibra y endulzado con Splenda)

Francisco y su Pan de Oreo y Toddy (les dije que la cosa había sido nostálgica)

El histórico y fabuloso Panettone de Tocineta del valiente Eduardo

Y como postre, Milhojas de chococlate y naranja (la masa fue delicadamente confeccionada con mantequilla y manteca de cacao) y un arroz cremoso en costra

Quiero agradecer la gentileza de mi amiga Arlenis Oliveros, no sólo por cederme sus bellas fotos, sino porque fue una maravillosa co jurado.

La panadería del país está cambiando, pronto el arte panadero estará en las manos de estos y otros entusiastas que se esfuerzan, estudian, experimentan y crean.

sábado 17 de mayo de 2008

Café con chile


Amo a Juan Luis Guerra, creo que es uno de los poetas más profundos de la contemporaneidad latinoamericana y me sorprende el hecho de que no sea reconocido así sólo porque enfunda su poesía en el traje gozón del merengue. Y de Juan Luis "Ojalá que llueva café", la más gastronómica de sus creaciones, me parece universal; creo que cualquier campesino que cultive café en Trujillo, Uganda, Colombia o Costa de Marfil, puede sentirse completamente identificado.
Los GENIOS de Café Tacuba, versionan esta canción dándole un colorido casi visual al asunto. Si yo fuera Juan Luis Guerra no resistiría la tentación de regalárselas, alguien que hace algo así, se lo merece.


martes 13 de mayo de 2008


No existe la juliana de cebolla


¡Al fin! Una voz autorizada, un master chef formado en las competencias más exigentes del mundo, un juez certificado ante los eventos que auspician instituciones tan prestigiosas como el Foro Panamericano de Asociaciones Culinarias y la Academia Culinaria de las Américas, lo dijo: "No existe la juliana de cebolla". Siempre lo supe, asistida por el sentido común de mis profesores y por la lógica: una juliana es un rectágulo, ergo, no se puede hacer un rectángulo de cebolla.

Rick Potter vino a Venezuela, invitado por la Asociación Venezolana de Chefs, Cocineros y Afines para esclarecer, de una buena vez por todas, entre otras cosas, si se puede o no hacer julianas de cebolla. Luego de una demostración de una hora durante la cual se comportó como si estuviera en una olimpíada culinaria, pasó toda la tarde de hoy cortando papas, cebollines y ajoporros, fileteando pescados, deshuesando cerdo y troceando pollo. Hoy asistí encantada al I Taller Profesional de Técnicas Culinarias Universales. Mañana: Fondos, roux y salsas madres.
Éstas son algunas fotos del evento:

El chef Potter en acción, Tomás grabándolo



Hugo Yanez y Patricia Phelan orgullosos de sus cortes




La Chef Lisbeth López, confirmando la medida de sus cortes


Tomás (en un arranque de locura) y yo


miércoles 7 de mayo de 2008

El disfrutólogo


Un día, Reinaldo llegó eufórico de felicidad porque "estaba aprendiendo las cosas más importantes de su vida", resulta que acababa de comenzar un taller de facilitación con Hugo Marichales. Hugo es un personaje, se autodenomina "Disfrutólogo" (término que me hubiera gustado inventar a mi), con una formación muy sólida y un sentido del humor inteligentísimo, forma a la gente en el arte y la ciencia de la facilitación. Hoy vive en Francia y tiene un blog, sin desperdicio que se llama "El Cuentador". Su más reciente publicación es un prodigio llamado "El Cocinero" en su sección Ezquizo, que paso copiar aquí. Visiten su Blog porque es una delicia.




Deliciosa y suculenta criatura. Recibe un saludo lleno de sabor y sustancia, desde este corazón de Esquizo el Cocinero, que has llenado de exquisito y crujiente amor.


Mi hambre de ti aumenta cada día y ya no soporto el fogón de mi pecho cuando uvas pasas por mi lado. Mi cerebro se vuelve un microondas de pensamientos que me hacen salivar y la única comida que puede calmar mis ansias es un SÍ tuyo.


Tú eres, criatura, mi agua y mi alimento. Cómo quisiera poder desayunarte en las madrugadas, condimentarte a mi gusto para darme banquete en el almuerzo, merendarte por las tardes y relamerte hasta la gula contigo como cena.


El amor gourmet que me produces tiene sus vainitas, pues a tu recuerdo el sol brilla
como el trigo, las nubes recuerdan copos de suspiro batido a punto de nieve fuerte, las piernas se me vuelven gelatina y las colinas parecen brócolis, alcachofas y repollos recién cultivados. Hasta el ruido de la calle se asemeja al alimenticio sonido de una cacerola en plena ebullición de sancocho de corocoro recién sacado del mar de Margarita, calentado en leña a la orilla de la playa.


En este mi delirio gastronómico, no sabría si rebosarte de crema pastelera y sirope de chocolate y fresas, o más bien colocarte sobre la mesa y adornarte con hojas de lechuga fresca, frutas, endibias, hinojos y finas hierbas, y luego con una vinagreta de miel rociarte toda la piel, para pasar luego a degustarte a placer y no dejar ni un centímetro de tu carne sin que su sabor haya impregnado mi boca.


Tan sólo de imaginarte, las ideas me surgen como cotufas. Tu mirada picante, tu andar afilado como cuchillo de chef, las blancas caraotas de tus dientes, la mermelada de tu rostro, tu voz de hierbabuena, tus costillas de barbacoa, tus bucólicos cachetes de albaricoque, tus batatas firmes, tus nalgas de acemitas calientes, tu aliento refrescante como té de jengibre, tus patillas invitantes… Eres manjar de dioses, criatura, y despiertas apetitos bacanales dignos del comensal más exigente.


Eres el aroma del café por la mañana, y la sal, la pimienta y el comino de la vida; sin ti soy la vianda más insípida de un convite. En el menú de mi existencia, yo no quiero más aperitivo que tus ojos, más caldo que tu amor, más alimento que tu cuerpo, más vino que tu voz, ni más postre que tus besos.


Me atraganta pensar que no seas para mí, criatura. No soporto el pensamiento de amargo de angostura de que alguien distinto de mí te paladee. Yo no quiero ser plato de segunda mesa. Me agria el carácter, me da acidez y me corta la digestión; es peor que comerse una hayaca fría, tan espantoso como morder una cebolla cruda, tomarse una cucharada de aceite rancio o masticar un cubito de pollo.


Esta olla de presión de no tenerte me cuece. Pero si logro conseguir la receta de tu amor, voy a ser más popular que un perro caliente, más noble que una arepa, más sustancioso que un cruzao, más dulce que un tres leches, más fácil que un espagueti, más refrescante que una limonada, más recio que un coco, más simpático que una mandarina, más versátil que un arroz, más sensual que la champaña y más exquisito que un camarón.


Así que aquí estoy, criatura. En tu despensa. Servido para ti. Maríname, criatura, ásame, sofríeme, endúlzame, sazóname, cocíname, hiérveme, papéame, rebósame, ensálsame, lícuame, fríeme, esméchame, sancóchame, alíñame, hornéame, báteme, guasacaquéame, adóbame, tuéstame, guísame, relléname, dórame, amásame.


¡Buen provecho!


Esquizo

martes 6 de mayo de 2008

Coro y Adícora

Ir a Coro es ir lejos. Es ir, además, con la expectativa de comer suculencias que sólo se pueden degustar en sus calurosas tierras.

Uno de los íconos gastronómicos de Falcón son sus arepas peladas. El sabor característico de maíz pelado es una referencia de mi infancia: yo iba a Coro y desayunaba indefectiblemente con arepa, suero y queso de leche de chiva, lo cual hacía de mí una niña inmensamente feliz. La primera vez que probé el Tostito, me enamoré de él porque me recordaba a los desayunos corianos de mi niñez. Una vez oí, hace mucho tiempo, que el maíz pelado con ceniza no era muy saludable; pues resulta que es todo lo contrario: los mexicanos (que saben todo sobre el maíz) descubrieron que la cocción alcalina del maíz, llamada Nixtamalización, aumenta el su valor nutritivo.

Otra imagen típica de Falcón son las huevas de lisa seca, son una exquisites, un gusto adquirido, un lujo de la costa, con su potente sabor marino, son protagónicas y descaradas, no tienen competencia.

En la vía a Adícora, no sólo se encuentran dulces criollos: pan de leche, catalinas y unas cocadas foscorescentes que generan, como mínimo, impresión; sino también un raro especímen: el "Chicharrón Light", cuando pregunté por los
detalles recibí la escueta respuesta "es que no tienen grasa", me imagino cuando ingenuo habrá caído. Este camino a Adícora tiene una naturaleza singular, al adentrarse en la península de Paraguaná se puede divisar el Cerro Santa Ana y múltiples avisos (con error de concordancia incluido)

exhortan a los visitantes a cuidar a los burros que viven en estado silvestre (lo triste y paradójico es que los burros viven sumergidos en la basura).


Al llegar al mar: pescado, camarones, ostras, calamares y el inevitable "Rompecolchón, vuelvealavida, mazingerZ, liberenawillie, quiebramuñeca" la mezcla explosiva de mariscos y moluscos generalmente avinagrada que venden con la promesa de enardecer hasta a los ánimos más decaídos.

lunes 5 de mayo de 2008

Meme cumpleañero

Ayer me enteré de que Victor, en esas cadenas de panas blogueros con sed de conocimientos, me incuyó en la lista de los amigos que deben responder su Meme; aquí va:

8 cosas que quiero hacer antes de morir (porque después, ni modo)

1. Darle un beso francés a Johnny Depp (por aquello de que él vive en tierras galas, por más nada)
2. Aprender a bucear
3. Cantar en un coro Carmina Burana
4. Recorrer Ámsterdam en bicicleta y dormir en uno de esos botecitos que están en sus canales.
5. Recorrer México de sur a norte, de este a oeste, y comer todo lo que se me atraviese (incluyendo chapulines)
6. Publicar un libro
7. Tener un hijo
8. Morir de vieja, dormida, feliz y satisfecha.

domingo 4 de mayo de 2008


Hoy es mi cumpleaños





Imagen

lunes 28 de abril de 2008

Bocados gourmets para el alma







domingo 27 de abril de 2008

Decretada mi semana aniversario


Todos los años, una semana antes de mi cumpleaños, decreto mi semana aniversario. En esa semana recibo encantada, los regalos y mimos de la gente que me quiere: recetas de cocina familiares, buenos deseos, besitos, mensajes de texto, buenos consejos, decretos de bienestar, dulcitos con crema chantilly, invitaciones al cine, libros interesantes, zarcillos de colores y todo cuanto sale del corazón bien intencionado de mis amigos y familiares. Algo así como una semana entera de Feliz No Cumpleaños.
Cumplo años el próximo domingo 4 de mayo asi que:



Decretada mi semana aniversario!