Despedida

Esto lo escribí a mano, como se escriben las cartas de amor.

Hoy me despido del Café del Museo.

Este es un período de sorpresas y una de ellas me lleva lejos del Café. Debo admitir que ha sido una decisión muy difícil de tomar pues no sólo este espacio es muy bello, sino que los afectos que dejo aquí me envuelven el corazón.

Irina, mi chef y amiga del alma, me enseñó que la dulzura y la feminidad, tan arduas de expresar en las cocinas profesionales, son su ingrediente secreto, su as bajo la manga, su sello de calidad. Me enseña día a día que la libertad y el compromiso saben muy bien, que ir en pos de los sueños es la mejor manera de vivir y cocinar con honestidad.

Gustavo, mi sous chef me enseñó que se puede ser efectivo y sereno al mismo tiempo, que la buena índole, la amabilidad y el humor pueden hacer de una cocina un lugar de entrega, profesionalismo y diversión.

Yonardo “Pelambre”, nuestro cocinero, con un hambre de conocimiento constante, me enseñó que la humildad y el deseo de aprender unido al talento son llaves que abren las puertas del mejoramiento.

Joaquín, nuestro pantrista, me dio muchas lecciones. Entre ellas, que todo tiene que ver con todo, que no hay parcelas, que ocuparse de las luces, los enchufes, las copas y los pisos es tan importante como la buena sazón.

Marilú, ese angelito con las alas en los pies, me enseñó que si quiero hacer algo bien, debo comprometerme hasta los huesos, que hay que “saber acariciar los detalles” como dice Nabokov.

Valerie, quien comanda la sala, me enseñó que se puede dar mucho desde el trato horizontal y llano, que la sabiduría verdadera no tiene poses, que darle la vuelta al mundo es aprender a ser auténtico y accesible.

Deira y Rafael, nuestros arquitectos, me enseñaron que la estética es el lenguaje de la verdad, que la belleza generalmente responde a altos ideales, que no es superflua.

Luz Marina, nuestra gerente, me enseñó que las cuentas claras son también un tipo de belleza.

Jenny, quien mantiene todo limpio y en orden, me enseñó que hay efectividades que se expresan en silencio y sin alharaca.

Johanna, la nueva jefa de pastelería, me enseñó que un cocinero integral cocina, viaja, lee, estudia, trabaja con delicadeza y precisión y disfruta infinitamente de su oficio.

Y el Café del Museo me enseñó que Caracas es posible, que pueden existir espacios de encuentro y tranquilidad en la mitad del caos, que el arte llama al arte y que por eso, los caraqueños podemos ser optimistas pues, bajo el ruido, las colas, el estrés y la nostalgia de un tiempo bucólico que una vez existió, palpita el corazón mestizo, cosmopolita, inconforme y festivo de esta ciudad de sobresaltos y jabillos.

Y a propósito de todo esto y para toda mi familia del Cafe del Museo... Usa Bloqueador Solar

5 probaron y opinaron:

Monique! dijo...

¡Ánimo! y usa bloqueador solar.

Un abrazo

Mayasi dijo...

Wao manita que bello ese video.. un abrazo

Karina dijo...

Abrazos y besitos a ambas.
Las quiero mucho.

Joh dijo...

Caramba... tenía dias que no leía mis "favoritos", tu puedes creer que estuvimos compartiendo todos estos días y yo no había caido que la del paladar inteligente eres tu hasta hoy? Así son las cosas.
Karina sigue con esa fuerza tus motivaciones y emociones y seguiras siendo feliz, con esa risa cantarina y clara que me parece estar oyendo ahora mismo. Gracias por ese parrafo, pero sobre todo gracias por escribir. Me encanta leerte.
saludos y espero que nos veamos muy pronto.
Abrazos
Johana

Mil Orillas dijo...

Qué tu decisión sea la mejor!
Buena suerte en tu nuevo proyecto!