Toco tu boca
Yo no leí Rayuela, yo sufrí Rayuela. Me dejó un reguero de tristezas en el alma.
La primera vez que intenté leerla tenía 16 años y era muy pretenciosa, Rayuela me ayudó a doblegar un poco mi ego cuando en la página 25 la abandoné porque no entendía lo que pasaba ahí. Luego, a los 25 la tomé de nuevo, superé la página 50, pero también la abandoné, estaba deprimida por alguna razón y sabía que si seguía leyendo la depresión se me iba a convertir en nihilismo.
En diciembre de 2007 leí Rayuela (o jugué Rayuela, con esos saltos del timbo al tambo que propone Cortázar) y conseguí el capítulo siete: un oasis, un parque de flores de colores y frutas dulces, tan goloso y perfumado que parece comestible:
"Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."

Y como si fuera poco, podemos oir a Cortázar (y su acaramelada pronunciación de la R por culpa del frenillo) recitando esta maravilla:

Rayuela, Capítulo siete. Julio Cortázar

2 probaron y opinaron:

Maga dijo...

¿Acaso puede este hombre ser más maravilloso?
La inmortalidad de sus palabras me sorprende. Lo amo, así sin vueltas.
Saludos, hermoso blog (:

Karina Pugh Briceño dijo...

Maga (acaso hay una mujer más bella que la Maga?) muchísimas gracias por tu comentario.

Estoy de acuerdo contigo... Este hombre no puede ser más maravilloso...