Adiós a Benedetti




Feliz día del libro y de Sant Jordi

Yo creo que no hay nada más hermoso que un libro. Ni rosas, ni joyas me conmueven tanto como ese montón de hojas escritas por un extraño, y a veces, por un amigo.

Hoy, día de Sant Jordi, patrón de Catalunya, se celebra el Día Internacional del Libro, que yo celebro compartiendo con ustedes mis libros de cocina favoritos:










Creatividad a borbotones

Hoy, 21 de abril se celebra el Día Internacional de la Creatividad, y el tema me apasiona.

Esa cocina astuta, que sorprende, que impresiona: el semi sashimi con manzana de Tomás Fernández, el falso cuscus de vegetales de Alonso Núñez, la ensalada de tequeños de cabra de Irina Pedroso, los enredos de yuca de Helena Ibarra, el risotto de coliflor de Heston Blumenthal, la espuma de agua de mar de Ferrán Adriá, son piezas del ingenio de cocineros que frente a un ingrediente "común" se plantean hacer con él algo que sorprenda.

Menos famosos y desmesuradamente creativos, los alumnos del Grupo Académico Panadero Pastelero (GAPP) me han sorprendido miles de veces en sus presentaciones finales de Pastelería o Panadería. He comido pan de pelao guayanés, tortas negras deconstruidas, toronjas con ají dulce, pan de huacatay y aji peruano, baklawas de cebolla y hasta un panettone de tocineta.

Mis alumnos me han sorprendido con respuestas agudas ante preguntas obvias, han resuelto problemas en la cocina de manera ocurrente y muchas de sus dudas sólo se generan a partir de una profunda reflexión y de poner las neuronas a funcionar enérgicamente.
Justificar a ambos lados
Pero hay una creatividad que me conmueve: la de la cocina familiar. La mamá que se niega a meterle en la lonchera siempre lo mismo a su retoño, el hombre que le cocina una sopita a su familia intuyendo como hacerlo, los niños que aprenden a hacer panquecas, la novia que aprende a hacer salsa bechamel para complacerle el antojo de pasticho al novio, el muchacho que experimenta en su casa como hacer torta de auyama, todos los que, ante una nevera medio vacía, se empeñan en sacarle provecho a lo que tengan.

La creatividad es inherente al ser humano, todo el que tenga neuronas y un poco de sentido del humor puede resolver sus problemas creativamente, o proporcionarle a la humanidad una razón de ser a partir del despliegue de su ingenio, que es el ingenio de todos.

Fotos del taller La Cocina de la Sensualidad










EL ORGIÁSTICO MENÚ DEL TALLER LA COCINA DE LA SENSUALIDAD


El domingo 29 de Marzo, en el Instituto Mandalay de Lomas del Club Hípico, estaremos dictando el taller LA COCINA DE LA SENSUALIDAD: La erótica en el fogón.

A continuación el orgiástico menú del taller:


Abreboca:

SHOT DE GAZPACHO AHUMADO CON SU GUARNICIÓN

Entradas:

ENSALADA SENOS DE VENUS
ARDOR Y PASIÓN EN CEBICHE


Principal:

EL PECADO DE LA CARNE SOBRE TERCIOPELO DE GUAYABA Y SU COUS COUS

Postre:

FONDUE DE CHOCOLATE CON BESOS DE MACADAMIA Y MIMOS DE COCUY

Todo aderezado con cuentos contados por mí y boleros cantados por mi esposo Reinaldo y su guitarra.


Información: sal_ypimienta@yahoo.com, karina@paladarinteligente.com.ve.

telfs: 0412 209 79 49 y 0416 301 38 66


Mi próximo taller


El gringo

El gringo, sancochándose del calor a orillas del Coquivacoa, engullía, parsimoniosa e inalterablemente, kilos y kilos de huevas de iguana, con las venas del cuello marcándosele, los chorros de sudor corriéndole por la frente y bendiciendo su suerte.

El gringo había llegado a La Concepción huyendo de los horrores de la guerra del Pacífico y de un matrimonio mal avenido que degeneró en divorcio y que sólo le dejó un sabor amargo en la boca que él exorcizó con dulce de icaco y huevos chimbos. Sin saber hablar español, se entendía con los Wayú, silentes y laboriosos, que trabajaban en las contratistas de las petroleras en un intrincado lenguaje de señas que terminó por convertirse en el idioma corporativo de la zona. Era un gringo enorme, rosado y feliz, que descubrió que el único lugar más lindo que su California natal, eran las tierras ardientes del Zulia.

Jugaba béisbol en la hora abrasadora de las 3 de la tarde, se disfrazaba en navidad de San Nicolás, cantaba los coros de las gaitas, inauguraba supermercados, bautizaba niñitos, cazaba iguanas para darse banquete con sus huevas y amarraba las hallacas de las casas vecinas.

Muchos niñitos de de ascendencia wayú se llamaron como el gringo, y las mujeres se lamentaban de que la versión femenina de ese nombre sonara tan feo que ni un maracucho se atreviera a llamar a una inocente niña de esa manera. Muchos años después de su muerte, un concurso de comedores de huevas de iguana y una beca para niños talentosos en el Béisbol, llevan su nombre.

El día que ella lo vio, venía de la mano de su hija. Ella terminaba de freir las últimas empanadas del día y la niña jugaba en la plaza de enfrente cuando el gringo, hambriento como era su estado natural, le preguntó a la niña donde podía comer en su dialecto de señas corporativo. La niña tomó la mano monumental del gringo y se lo llevó a su madre y en un acto premonitorio le dijo “Mami, mi papi tiene hambre”. Ella, que era viuda y que sabía que su hija tenía la lengua llena de presagios, miró al gringo y lo primero que le inspiró fue piedad “pobrecito, parece una langosta de tanto sol”, agradeció que el gringo no entendiera a la niña y le sirvió las empanadas hirvientes que le quedaban y un vaso de horchata.

El gringo se volvió loco. Abandonó sus puntuales visitas al burdel del pueblo y las mariposas nocturnas se dedicaron a llorar y a escribir canciones sobre el amor de un gringo que se fue y no volvió, compraba todas las empandas que ella freía y se las comía de un solo bocado para demostrarle su amor, aprendió las únicas diez palabras en español que siempre pronunció bien para decirle: “bonita señorita, usted es la flor del desierto, cásese conmigo”, se disfrazó de San Nicolás en pleno Junio para llevarle regalos, cantaba en su ventanas los blues adoloridos de Nueva Orleáns y una noche deliró hasta la extenuación de fiebre por haber pasado la tarde entera recitándole a gritos y en inglés los fogosos versos de Walt Witman en la plaza frente a su casa. Ella decía que no podía casarse con un gringo regorgallero que comía huevas de iguana como postre, que eructaba como un trueno y que podía tomarse cuatro litros de horchata de una sola vez. Pero sus argumentos no aguantaron el caudal escandaloso del amor del gringo quien le suplicó, a través de un intérprete, que remediara su esterilidad genética y le permitiera ponerle su apellido sajón a la niña.

Las señoritas casaderas de familias de bien no dieron crédito a sus oídos cuando se regó por el pueblo que el gringo se casaba, no con una de ellas, no con una gringa, sino con una viuda vendedora de empanadas, curvilínea, morena y de ojos verdes nativa de Santa Lucía. Se dijo que ella lo había emponzoñado del mal de amor con una pócima revuelta con la horchata, se dijo que la niña era de él y que en un viaje anterior había dejado ese cabo suelto y ahora tenía que recogerlo, se dijo que los ojos verdes de ella funcionaban como maleficio para los gringos grandes, rosados y felices, se dijo que era la niña la que ejercía esa atracción con el poder insondable de su orfandad, se dijeron muchas cosas de las cuales ellos jamás se enteraron porque en la embriaguez del amor bilingüe, compraron una casona de fachada de colores y allí vivieron, dichosos, hasta que el gringo murió de viejo en los brazos de ella, recitando los versos ardientes de Walt Whitman y jurándole amor eterno más allá de todos los tiempos.


Sobreviví a Expo pimienta 2009


Con infinitos problemas de organización, se llevó a cabo el 1er Congreso de Identidad
Gastronómica y la Expo Pimienta en Maracaibo desde el 3 hasta el 5 de Marzo.

La desorganización se evidenció, por ejemplo, en ausencias muy sentidas de invitados que no lograron llegar (entre ellos Tomás Fernández: Tenedor de Oro 2009, Merlín Gessen, la orquesta típica del estado Zulia, Mauricio García y Juan Alonso Molina).

Yo participé en 2 oportunidades: la primera con mi ponencia "La lúdica en el proceso del aprendizaje gastronómico" y "Cantos y Cuentos gastronómicos" junto a mi esposo Reinaldo Angulo. Desde Diciembre estaba claro que los cuentos y los cantos los íbamos a compartir con la Orquesta Típica del estado Zulia en una de las plazas del barrio Santa Lucía, pero, sin explicaciones de ningún tipo, nuestro concierto se llevó a cabo en las instalaciones del Hotel del Lago en ausencia de la orquesta. Afortunadamente, el público asistente, ávido de participar, entusiasta, lleno de inquietudes y calidez, compartió con nosotros de manera muy intensa.

Tuve la oportunidad de presenciar varias ponencias maravillosas: La exquisita Jacqueline Goldberg nos deleitó con su verbo y su poesía en una reflexión sobre el lenguaje culinario y la importancia de redactar el menú. Vanessa Rolfini nos descubrió al estado Falcón con la multiplicidad de sabores y el ingenio de la cocina del desierto, Sumito Estevez, con total dedesparpajo, habló de su experiencia como cocinero y de lo maravilloso que es montar "su propia taguara".

Tamara Rodríguez, otra exquisitez, recorrió 1200 kms desde Paria con sus chocolates, su sentido del humor y su sabiduría sobre la cocina pariana. Mi amiga queridísima Johanna Linares nos habló sobre el drama de la ausencia de productos con denominación de origen en Venezuela, María Elena Conde nos dió un paseo hermosísimo sobre la delicadeza de las vajillas históricas, y la encantadora Yelitza Acosta nos habló sobre los 7 hábitos del cocinero altamente efectivo.

Fué un lugar de encuentro entre amigos que, como buenos venezolanos, se sobrepusieron al desorden y el incumplimiento, se rieron de sí mismos y se entregaron a hacer lo que mejor les sale: compartir con los demás sus talentos.


Ier congreso de Identidad Gastronómica y Expopimienta 2009

Ivette Franchi no conoce el cansancio, ni el desánimo, ni lo imposible. Su lenguaje es el de la ilusión y el de la alegría. Ivette se propuso un día preguntarle a sus amigos cocineros qué creían ellos que era la identidad gastronómica de los venezolanos, y esa pregunta se convirtió en un congreso y una exposición gastronómica que convertirá a Maracaibo en la ciudad de los sentidos. 

Tengo la dicha de asistir en calidad de ponente ("La lúdica en el proceso del aprendizaje gastronómico") y de "cuentacuentos" en un espectáculo maravilloso, nada más y nada menos que en la bellísima localidad de Santa Lucía, junto a mi esposo Reinaldo quien va a cantar música gastronómica venezolana (de varios autores, incluyéndose él mismo).

Allá nos encontraremos con amigos cocineros, gastrónomos, comunicadores sociales dedicados a la gastronomía y amantes del buen comer. Los invito, amigos, a que nos acompañen, desde el 3 hasta el 5 de Marzo de 2009.