Bloqueo creativo

Una página en blanco al frente, varios días con desajustes en el sueño, poco apetito (que aprovecho para entregarme al ambiguo placer de la dieta), el final del semestre, la entrega del último trabajo, y no se me ocurre nada.

Busco mis fuentes de inspiración infalibles: visito youtube y me encuentro con La Shica, con Supertramp, con la Fania en su esplendor que me lleva a mis gatos y ellos a
Colette Calascione y su máscara felina (¿cómo alguien desconocido puede pintar algo que yo llevo por dentro?). Me provoca comer un perro caliente con salchicha alemana, o unos cascos de guayaba con queso brie, o kippe crudo con hierbabuena, o un pancito con tapenade.

La página sigue ahí y no sé si me mira con sarcasmo o con picardía, el asunto es que me mira.

Busco a mi amado Klimt a ver si en su “Beso” me consigo de alguna manera; el suyo me lleva al de Juan Luis Guerra y aquella especie de ejercicio gestáltico-erótico-poético que siempre me deja sin habla y que me hace creer que sí, que deberían darle su premio nobel sólo por haber escrito semejante monumento a la lengua española.

Vuelvo a la página y no hay manera, blanco total.

“…Échale semilla a la maraca pa´ que suene, chá cuchá cuchucuchá cuchá” canta Héctor Lavoe, amor de mi vida vestido de navidad, haciéndole los coros a Cheo Feliciano. Mi mamá me pregunta si quiero salmón para el almuerzo y yo respondo que si. Hago lo de siempre: el montaje mental del plato, y sé que me voy a dar un gustazo con el salmón a la plancha (full de pimienta y término medio) y brócoli con vinagre y aceite de oliva. Con la boca hecha agua intento escribir algo, pero es inútil. Me mudo de género y busco a Dead Can Dance, me conmuevo hasta los huesos y considero la posibilidad de escribir que tengo una página en blanco al frente, varios días con desajustes en el sueño y poco apetito.



"Las penas con pan son menos"


"Sólo las ollas saben de los hervores de sus caldos"
Sabiduría Mexicana

"El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y asegura la curación de la tristeza"
Séneca

"El sibaritismos gastronómico unido a la inteligencia, contribuye a hacer a los hombres amables"
Alexandre Grimod de la Reyniere

"Se cocina con lo que se piensa, y se piensa con lo que se sabe"
Isaac Salaberria

"Así como el sabio no elige los alimentos más abundantes, si no los más sabrosos, tampoco ambiciona la vida más prolongada si no la más intensa"
Epicuro

¿Cómo contar?

Había una vez, en un lejano reino, una princesa encerrada en una torre... Érase una vez un príncipe, gallardo y hermoso, que fue convertido en sapo... Cuentan los que cuentan que un día, una malvada bruja hechizó a un pueblo entero...

Estoy tratando de elaborar algo coherente para relatar lo que está ocurriendo en este país, y no logro dar ni con el principio...

Mi mamá estrena blog comiendo manzanas

Mi mamá se llama Eva y está signada por las manzanas, desde la bíblica y su influencia en su personalidad, hasta el apodo cariñoso con el cual la llamaba mi papá: "manzanita". Hoy se armó de valor y abrió, como no, un blog para darle cauce a su vocación de socióloga-sherezade-psicóloga-escritora.

Enjoy!!!

Adiós, Sandro


Mi tía y mi mamá estaban enamoradas de Sandro, en consecuencia yo también. Siempre me impresionó su histrionismo y esa voz, como nacida en el centro de la tierra. Pudo fundir la sexualidad sin eufemismos que brotaba de sus poros con el refinamiento de su interpretación. Cuando cruzó los cuarenta se incrementó su hermosura. Como en un vino fino, Sandro, Roberto Sánchez, se expresó en todo su esplendor en la madurez y aunque cantara esa música dulzona que llaman ¨romántica¨ la fuerza inaudita de su masculinidad estremecía a cualquier escenario.

Hoy lo lloro como su hubiera tenido veinte años al verlo por primera vez y creo que la razón es que descubrí la belleza de los hombres a partir de él. Supongo que si existe un más allá lo recibirán con la felicidad de quienes reciben a una fiesta, a un prodigio, un ángel lujurioso que hizo felices a millones de mujeres sin tocarles un pelo.


Ópera y gastronomía para el año nuevo

Este hermosísimo video demuestra algo que siempre sospeché: que la humanidad está deseosa de conmoverse con experiencias vitales. La ópera, ese antojo de la música cuando quiere ser actuada, se traslada al escenario gastronómico del mercado.

Feliz año nuevo gastronómico!!!




Testamento gastronómico-amatorio para la instrucción de la nieta

Nieta querida, hija de mi hija

Ahora que me preparo para dejar este mundo, y habiéndote querido tanto, quiero legarte una sabiduría a la cual llegan casi todas las mujeres y que por pudor, o por mezquindad, nos reservamos: la comida y el sexo son la misma cosa.

Tal vez pienses que lo que acabo de decir es un delirio, un devaneo de mis neuronas cansadas que se despiden, una exageración… Pero no, mi dulzura; es una verdad más grande que un templo y es mi obligación decírtelo. Tu madre no te lo dirá, tal vez tus amigas te lo sugieran, lo más seguro es que si algún día tienes una hija, lo descubra antes que tú y que yo; lo cierto es que el apetito carnal y el de alimentos, provienen del mismo oscuro y tibio rincón del alma.

Me jacto, a mis años, de poder deducir las virtudes (o carencias) de un hombre en las artes amatorias con sólo verlo comer. Esos hambrientos que devoran la comida sin siquiera detenerse a sentir lo que saborean, esos trogloditas que engullen en dos bocados hamburguesas llenas de salsas peligrosas y contradictorias, esos pobrehombres que no recuerdan en la cena lo que almorzaron, carecen del más elemental sentido de la estética a la hora de la horizontalidad. Despachan a sus mujeres como reses que van al matadero, y generalmente, tardan más en estornudar que en retozar. Huye de ellos, mi princesita, huye despavorida, que la tristeza de la carne es una de las más despiadadas y más difíciles de exorcizar.

En cambio, aquellos que pueden describirte con entusiasmo su plato favorito, o que atraviesan su ciudad en busca de un manjar que sólo encuentran luego de esa travesía urbana, esos que se gastan el dinero en delantales, en especias misteriosas, esos que no tiene miedo de probar nuevos sabores, son generalmente, y pese a que puedan tener un aire taciturno, genios de las sábanas, poetas de la voluptuosidad, fabricantes de mujeres felices y fieles, gourmets de las emociones.

A las mujeres también las conozco viéndolas comer. Esas adictas a la dieta, que prefieren morir antes de meterse un chocolate en la boca, me resultan tan patéticamente evidentes en su frialdad que me extraña que los sex symbol actuales respondan a esas medidas tan escasas de 90-60-90. Las obesas, otras pobres criaturas, están tan hambrientas de cariño, se sienten tan solas y desesperadas, que tanto a la hora de la comida como del amor, se convierten en depredadoras inescrupulosas. El punto medio, como en todo, es lo saludable: ni comer por aburrimiento o por soledad, ni dejar de comer por lo mismo.

Te recomiendo, mi nieta amada, entre otras cosas, adentrarte en los secretos de la cocina y descubrir así muchas cosas sobre el amor; ser vegetariana durante al menos un año en tu juventud para que aprendas a amar a los vegetales y para que sepas que con o sin carne, la gente puede ser feliz; ser omnívora en la adultez, para que aprendas que en la variedad está el gusto, y volver a los vegetales en la vejez, para que cuando te vayas de este mundo, te sientas ligera y saludable. Comer despacio siempre, en la lentitud, tanto de la mesa como de la cama, se encuentra la verdadera felicidad.

Descubrir nueva formas de cocinar es una manera de descubrir nuevas formas de amar, investiga, lee, experimenta, no tengas miedo. La comida y el sexo generan placeres y culpas equivalentes, deshazte de las últimas si no dañas a nadie ("nadie" te incluye a ti), si agredes a alguien, la culpa es un buen sentimiento que te guiará de regreso hacia la salud.

Por último, mi amor, sé cuidadosa, la sensatez es muy buena consejera cuando va acompañada por la emoción; jamás comas nada por obligación, siempre sé tú quien decida sobre tu cuerpo, cuídalo, protégelo, regálale experiencias hermosas y vitales, vincúlate con lo eterno a través de él y recuerda que tu abuela cocinera, que te amó tanto mientras vivió, te cuida desde el regazo del creador.

La pastelería como felicidad

A veces pienso que lo que más disfruto en la vida es dar clases. Otras veces pienso que lo que realmente disfruto es ese momento en el cual veo como una persona mueve las neuronas y se le hace la luz y dice "ya entiendo". La mayoría de las veces pienso que, mi verdadero disfrute es provocar en las personas dudas, preguntas, para que ellas mismas las respondan. Y, siempre, absolutamente siempre, mi felicidad radica en ser el privilegiado testigo de la explosión de la creatividad ajena (no es que la propia no me guste, sino que la ajena es tan sorprendente que siempre me deja boquiabierta).

Desde hace aproximadamente un mes estoy dando clases de pastelería en el GAPP, un lugar al que considero mi hogar y que tiene un no sé qué que provoca que quien llegue no se quiera ir.

Dar clases de pastelería me resulta sorprendente, siempre me he considerado una cocinera con fugaces, aunque satisfactorios, coqueteos con el azúcar. Pero he descubierto un tipo de belleza en las clases de pastelería que no había conseguido dando clases de cocina. La precisión en las cantidades y los tiempos con la cual es necesario trabajar (la pastelería y la panadería son ciencias exactas), en vez de causarme claustrofobia, me resulta muy interesante.

Debo decir también que los muchachos a quienes les estoy dando clases son tan divertidos, tan ingeniosos, tan entusiastas y laboriosos, que me hacen la experiencia sumamente fácil y enriquecedora.

Ayer hicimos una torta charlotte. Aquí las fotos:




Venezuela Gastronómica Capítulo 1 Caracas

He debido esperar más de una semana para poder escribir sobre el hermosísimo evento de Venezuela Gastronómica que nos alegró el corazón el jueves de la semana pasada. Para mí fue un momento personalísimo, no sólo porque tengo afectos involucrados en ese proyecto, sino porque, al fin, iba a poder ver en persona a un hombre que tiene mi admiración y mi cariño desde la primera vez que tuve un libro suyo (El Pan Nuestro de Cada Día) en mis manos: Rafael Cartay.

Desde Sumito dándonos la bienvenida y reflexionando sobre el sentido de Venezuela Gastronómica, Héctor Romero proponiéndonos a los cocineros como protagonistas de un proceso de rescate de nuestros referentes culinarios (que son también nuestros referentes históricos), Ocarina Castillo haciendo un recorrido antropológico sobre la cocina venezolana en los años cincuenta, José Rafael Lovera relatándonos la historia del restaurant en Venezuela, Tomás Fernández, Francisco Abenante y María Elisa Romer cuestionando la existencia de una cocina mantuana (cuánto disfruté de ésto, qué lucidez y sentido del humor!!!) hasta Armando Scanonne dando una cátedra sobre la hallaca (lamento no haber podido asistir a las demás ponencias por asuntos de trabajo), el evento fue de una belleza, una integralidad y un atrevimiento que recibí como una brisa fresca.

Pero hoy voy a dedicarme a escribir sobre Rafael Cartay, quien, con su erudición y su sentido del humor infinito nos bendijo y, a mí en lo particular, me abrió una puerta a la reflexión acerca de mis sabores infantiles.

Cartay, ataviado con su vastísimo conocimiento y una simpatía incombustible, nos habló del mestizaje en la cocina venezolana, pero la verdad, es que el concepto del mestizaje fue una excusa para abrirnos su corazón y su sapiencia e ilustrarnos sobre el afecto, la cocina y la vida íntima asociada a los sabores y a la tierra.

Los venezolanos amamos los platos extranjeros pero los adecuamos a nuestros gustos, en los restaurantes japoneses venden roles con tajadas, la salsa boloñesa es tan criolla como un majarete y no sabe igual en Bologna, existen elementos en la cocina que mutan con facilidad y elementos que se resisten al cambio, "la patria son los alimentos", "no debería llamarse patria, sino matria", son algunas de las ideas que Cartay, de pie durante casi una hora y con un entusiasmo contagioso, nos dijo. Atravesaba un discurso de una erudición exquisita con alguna anécdota ("Mi madre me tocaba los labios... Ella me indujo el gusto") e incluso nos contó como había descubierto una especie de verguenza de sus sabores infantiles el día que, inocentemente, le dió a su hijo adolescente a probar el merecure, fruta que incluso los llaneros más recios consideran no muy amigable, pero que a él le traía gratos recuerdos de su infancia en Barinas... Su hijo probó, arrugó la cara y dijo "Ésto no es merecure... Es mereculo!!!".

Para Cartay, el mestizaje no es sólo un proceso inevitable, sino que es deseable también. La cocina es un espacio cultural y como tal recibe y ofrece cambios, es un espejo de nosotros mismos. El mestizaje es deseable, y la preservación del patrimonio gastronómico también. Mestizaje no significa pérdida de la identidad sino enriquecimiento. Mientras más profundamente nos conozcamos como pueblo que come y cocina, mejor podremos asimilar las incorporaciones, mientras más respetemos a las mujeres que cocinan domésticamente (las madres son nuestra primera fuente de conocimiento culinario) mejor podremos recordar nuestros sabores de la infancia y en consecuencia, fortaleceremos nuestra sensación de pertenencia a un gentilicio culinario.

Lo único que tengo en mi corazón para Rafael Cartay es amor y agradecimiento, por habernos regalado sus libros (la poesía de la cocina venezolana se encuentra allí), por expresar su sentido de justicia, de bondad y de compromiso a través de ellos, por compartir su entusiasmo, su sabiduría y su emotividad con los asistentes y por poner su sensibilidad a la orden del rescate de nuestra identidad como un pueblo bueno que tiene en su cocina la expresión de su esencia generosa y creativa.

Fotos: Carolina Quevedo

Las recetas de la paz



Manuel tuvo una idea que se convirtió en proyecto: recetas sobre la paz, fotos de los cocineros creadores de esas recetas, un guante sin dos dedos. Cada uno crea lo que para él sería una receta para lograr la paz del mundo. Entre metáforas y recetas reales, cada uno pone su corazón, su creatividad y su entusiasmo en esta hermosísima iniciativa.

Yo estoy feliz y honrada de participar, y aquí está mi receta.